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Primeros pasos de la Secretaria de Cultura

  • Lina es de Medellín, aunque hace 20 años no vive en la ciudad. Su familia sí y ahora regresa por la cultura. Foto CARLOS VELÁSQUEZ
    Lina es de Medellín, aunque hace 20 años no vive en la ciudad. Su familia sí y ahora regresa por la cultura. Foto CARLOS VELÁSQUEZ
Mónica Quintero Restrepo | Publicado el 05 de febrero de 2020
en definitiva

Lina María Gaviria ha trabajado desde 2011 en la cultura. Hasta el año pasado fue en Bogotá, y ahora empieza en la ciudad donde nació. Antes de eso lo suyo eran los escenarios como bailarina.

Fue en el Teatro Pablo Tobón Uribe donde Lina Gaviria quiso ser bailarina. Tendría unos ocho y su mamá la llevó a ver La mujer del año: vio a una gatita en puntas y quiso ser como ella. Lina fue gimnasta olímpica, bailó con Claudia Cadena y en 1991 se fue de la ciudad por la violencia. Se ganó una beca de Medicina y otra de danza, y aunque empezó a estudiar para ser doctora, a los seis meses se quedó con la segunda, y para que la mamá no se preocupara mucho, intentó con una tecnología en psicología al tiempo que movía los pies, pero eso tampoco era lo suyo. Terminó estudiando una tecnología en Historia del arte y se gradúo de bailarina.

Volvió a Medellín y trabajó con Peter Palacio en Danza Concierto, y luego se fue a bailar con Tino Fernández, en L’Explose, hasta 2011. Si no fuera porque se reventó los ligamentos y tendones de la rodilla, allá estaría todavía, bailando.

Los dos tornillos la sacaron de la danza, pero no de la cultura. Ya que tanto se quejaba, llegó el momento de hacer, y trabajó una primera temporada en el Instituto Distrital de las Artes, Idartes. Luego fue asesora de la Gerencia de la Danza, después abrió Pájara Producciones, su empresa, y hasta el año pasado trabajó una segunda temporada en Idartes como subdirectora de equipamientos culturales, esa que maneja los escenarios públicos de Bogotá: eran 13. Aprendió de infraestructura, de programación, de mantenimiento general y especializado, de sostenibilidad. Y aunque pensó que terminaba y salía a vacaciones, la llamaron para ser la Secretaria de Cultura de Medellín. Casi ni se dio cuenta cuando le respondió sí al alcalde Daniel Quintero. En una semana ya estaba viviendo en Medellín, le mandaron el trasteo, fue por la gata. “Esto es un cambio de vida, pero es todo lo que yo no sabía que quería”.

Cómo es eso de que no conocía al alcalde...

“Yo le pregunté por mí, porque él no me conocía, y como me muevo con muchos productores y en círculos de artistas (trabajé con Manu Chau, Fonseca, Carlos Vives), y tengo unas conexiones muy amplias, entonces le hablaron de mí. Él me llamó con una hoja de vida, no me conocía. Yo no soy una persona política, yo he trabajado toda mi vida por el arte y la cultura, y realmente he trabajado con todo tipo de administraciones, en Bogotá me tocaron cuatro. Digamos que realmente trabajo por el arte y la cultura, punto. Trabajo para que haya unos mejores beneficios, que los artistas estén bien, porque parte de lo que a mí me pasó es que cuando era bailarina pasaba por muchos momentos muy difíciles, incluso me fui a estudiar afuera, además de la violencia, porque no encontré en Colombia cómo estudiar, no lo había. Cuando tuve la oportunidad de estar en lo público, pues vi que era el momento, y siempre lo he tomado así, para decirme no se queje tanto, hágalo usted mejor”.

Y qué le propuso Daniel Quintero para que le terminara diciendo que sí...

“Lo primero, que me fascinó, fue la transparencia. Vamos a trabajar con las cartas sobre la mesa, dijo. Segundo, me planteó una agenda social. Para él y para mí es muy importante escuchar, construir desde la comunidad, estamos aquí para mejorar las condiciones de las personas, que pueda gozar de unas condiciones dignas y vivir algo que en términos de arte y cultura nos haga sentir orgullosos, ser mejores personas, tener autoestima. La tercera es trabajar con un equipo técnico, para mí eso es importante. Esas personas que saben de qué están hablando, no es con los amigos. Y él es un hombre carismático y se interesó por mí a título personal. ‘Yo te conozco tu hoja de vida, cuéntame quién es Lina y cómo estás, dónde estás, qué te gusta’. A mí nunca me había pasado eso. Entonces dije, con esas cuatro cosas, ok, incluso me sorprendí a mi misma respondiendo. ¿Vas a trabajar conmigo? ‘Sí señor’”.

Dice que están muy alineados en el tema cultural, ¿cómo ve usted la cultura?

“Para mí arte y cultura son cosas diferentes, pero dialogan y están en algo muy parecido: son la cara de una ciudad, de un país. A través de ellas nos identificamos. Cuando vas a una obra, sea de teatro, danza, música, o ves una escultura y te paras enfrente, algo te habla, y te quedas pensando, y dices, qué es esta belleza. Esas cosas generan esa identidad y a través de ella puedo aportar para que las personas tengan una mejor calidad de vida, para que abran sus puertas y ventanas y logren ser mejores. Porque es que yo te puedo decir, ‘Mónica, tú tienes que ser una emprendedora, hacer esto, estudiar, tener esta casa y este carro’, pero estoy pasando sobre lo que te gusta, te toca, te sabe. Cuando tienes la oportunidad de experimentar el arte, sea pasando por la calle y viendo un artista o una banda o a unos artistas bailando tango o yendo a un museo o que compres la boleta para ver un espectáculo, ahí te están hablando de una forma directa y tú tomas las decisiones, y tú te inspiras, lloras o sonríes, pero es directo, a cada persona. Y eso es lo que permite generar oportunidades e incentivos para que las personas realmente quieran potenciar sus vidas. Eso para cada persona es diferente y no importa si eres el artista, el productor, el vestuarista, el público. Esa cadena toca a todos. Entonces estamos construyendo un tejido social. Para mí todo eso que pasa es un diálogo de paz, toda la cultura es un diálogo de paz, y por eso también estoy alineada con la gestora social, Diana Osorio, porque Diana está hablando de una gerencia de paz, y para mí la construcción de la paz se hace a través de las artes y de la cultura”.

¿Cómo se lleva esto a la práctica, cómo es el enfoque que le va a dar a esta Secretaría?

“Ahí entramos a hablar de cómo Lina hace las cosas. Es rápido decir el enfoque y estamos en la construcción del plan de desarrollo. Prefiero contarte en qué proceso estoy: estoy llegando a una ciudad después de no haber vivido en ella 20 años, lo primero es reconocer en dónde estoy. No estaba muy enterada de cómo funcionaban aquí las cosas y tampoco tengo ningún aliado ni nada por el estilo. Desde la misma secretaría, de cómo está conformada, qué programas tiene, qué está haciendo, qué venía haciendo. Estoy en diálogos con el sector, con muchas personas. El tiempo es limitado, pero realmente estoy como una esponja absorbiendo información. Estoy en un inicio sorprendida y orgullosa de Medellín, porque pienso que han hecho unas cosas maravillosas, hay unos proyectos que realmente se los sueña cualquier ciudad del mundo. A partir de esto que recibo haré un diagnóstico para generar unas líneas programáticas que irán en el plan de desarrollo. Esto es a mil, quisiera poder tener seis meses, y como no, estoy acelerando lo más que puedo. Lo que me he encontrado es que hay cosas increíbles que están siendo hechas. Lo primero es que vengo a construir sobre lo construido, a mirar dónde hay áreas para mejorar y fortalecer, porque para mí en la calidad de lo que hacemos es importante la dignidad para los artistas y el público, y todos los actores de la cadena de valor. Me interesa tejer redes, somos más si estamos juntos y vamos para el mismo lado. Esto no es la secretaría de cultura trabajando solita, no”.

¿Algunos intereses especiales?

“En tres áreas. Me parece muy importante lograr que Medellín sepa qué tiene, porque siento que en este momento tiene una gran oferta cultural y artística, pero hay que trabajar mucho para que las mismas personas sepan que las tenemos y nos convirtamos en embajadores para que el mundo sepa qué tenemos y quiera venir a Medellín, y podamos llevar nuestra cultura al mundo. Lo segundo es trabajar en infraestructura, ese es un tema importante, en trabajar en la que tenemos a través de diferentes proyectos como Ley del Espectáculo, y también mirar qué otras oportunidades tenemos para contar con mejor infraestructura para las artes y la cultura. Un tercer eje es uno del plan de desarrollo, el social. Para mí es muy fundamental trabajar con la comunidad y que desde todos nuestros proyectos y equipamientos tengamos un diálogo con la comunidad y que lo que estemos ofreciendo sea pertinente. No es lo mismo una comuna que otra, o un corregimiento que otro”.

Construir sobre lo construido, ¿ya ha tenido tiempo de ver algo?

“Estos son los primeros días y ya tengo un cuaderno lleno. Estoy absorbiendo, pienso que en este momento es muy rápido decir que va algo o no, estoy estudiándolo porque estamos construyendo unos equipos técnicos”.

¿Y el presupuesto?

“Es muy importante tener el contexto de cómo históricamente se ha movido el presupuesto de la Secretaría de Cultura Ciudadana. En esta y en administraciones anteriores siempre arranca con uno inicial que ronda entre los 80.000 y los 90.000 millones, lo que permite tener presencia en los territorios con proyectos como el Sistema de Bibliotecas, la Red Catul (Casas de Cultura, Teatros, Uvas y Laboratorios Sonoros), Red de Prácticas Artísticas y Culturales (Red de Escuelas de Música, Red de Danza, Red de Artes Visuales, Red de Artes Escénicas y por último y como novedad en esta administración la Red Audiovisual). Con el paso de los meses y con base en diferentes fuentes de financiación (excedentes de EPM, Superávit) este recurso se va incrementando de una manera importante, permitiendo llevar a cabo la oferta institucional que tiene esta Secretaría”.

¿En qué piensa cuando habla de infraestructura? Porque siempre está el tema de que falta un gran escenario para espectáculos...

“En veinte mil cosas, pero en este momento no quiero contestar tu pregunta directamente, porque lo que diga es un compromiso. Acabo de pedir un inventario, estoy recopilando qué tenemos. De entrada, Medellín sí tiene que tener un escenario para grandes eventos, ahora, todavía no puedo tomar una posición frente a eso, pero estoy trabajando en ello”.

Ha empezado a hablar con el sector, ¿qué ve en esas primeras conversaciones, qué es prioritario?

“Es una pregunta complicada porque todavía no tengo la respuesta. Cada persona me va hablar desde su punto, está viendo su universo y yo pienso que quien está en esta silla tiene que ver el bosque completo para tomar decisiones. El presupuesto no es ilimitado, así que hay que tomar decisiones frente a cómo hacerlo, además estoy buscando aliados. Tenemos unos temas grandes y retos importantes como es la construcción del plan decenal de cultura, que debe ser entregado en diciembre de este año, tenemos otro que es el plan de desarrollo que debe pasar en mayo y que también es muy importante, porque tiene que ir alineado con el plan decenal y una coincidencia y concordancia con lo que estamos haciendo. La priorización se hace con más información, en mi opinión”.


En el programa de gobierno se lee: “Al tiempo que la Secretaría de Cultura debe concentrarse en sus tareas misionales y evadir las tentaciones de ser mera entidad ejecutora de eventos”. ¿Qué significa esto?

“Esa pregunta es superimportante, ha sido parte de por qué estoy aquí con Daniel. Uno tiene que preguntarse en esos eventos de ciudad por qué los hacemos. Tú tienes cinco dimensiones en el arte, este es un modelo y una forma de verlo: tienes la formación, donde no estás pensando en ser artista, sino que estudio porque es rico, porque quiero bailar, pintar, hacer cerámica, y aporta a la construcción de comunidad y ciudad, o tienes una formación de alguien que dice es que quiero ser concertino, quiero ser chelista, voy hacer bailarina, y te la tomas más en serio. En eso la Secretaría está presente con una red de escuelas. Tenemos además la creación, cuando los artistas empiezan a crear sus obras. Luego está la circulación, cuando le muestran a un público, exhiben lo que han hecho. Uno cuando se para en un escenario y tiene 2.000 pares de ojos, eso no es gratis. Ahí no llegan todos, es otro nivel. Y tenemos la investigación, que recoge este patrimonio, que investiga y empieza a hacerse preguntas muy interesantes de por qué hacemos lo que hacemos, cuándo, para qué. Y además tenemos la apropiación. Si ves el metro de Medellín es un modelo de apropiación y eso es cultura ciudadana, a Medellín no le tocan su metro. En ese sentido para mí es importante comprender que hay una cadena con muchos eslabones y cuando vamos a llevar un evento a una tarima, a un teatro, a un desfile, estamos teniendo en cuenta que viene desde abajo, que tiene un valor enorme, que no es una eventitis, hay que preguntarnos por qué hacemos estos eventos, y tenerlo claro. Cuando sabemos por qué lo estamos haciendo, podemos hacerlo mejor, tiene un sentido. Claramente hay unos que hacen parte de la ciudad y son logros increíbles que tenemos que potenciar y aprovechar y cuidar, porque eso no es la construcción de un solo secretario o persona, eso es de años, y pues ha sido muy grato venir a recibir un legado. Cuál va hacer mi labor, es que todo eso que hagamos tenga un sentido, una conceptualización, una dignidad para el público y los artistas. Tenemos que cuidar eso. Cuando tienes eso claro te da hasta el diseño, qué público es, a quién le quieres llegar. Cuando miras el Desfile de Silleteros estás poniendo en valor a una mujer o a un hombre que ha dedicado su vida a cultivar estas flores. Es un artista y es su vida. No me puedo concentrar solo en ponerlos en un desfile. Yo tengo que ir a ver cómo los estamos cuidando, cómo tienen garantías, cómo hay unos procesos para que se formen, cómo se cuidan esos procesos, cómo ayudarlos para que vendan sus productos, a que tengan un montón de valor. Porque el desfile es donde culminan muchas cosas para ellos. Tenemos que garantizarle a la ciudadanía un acceso a la cultura y fomentar la danza, el teatro, el circo, la música en todos sus géneros, las artes plásticas, la literatura, la tecnología. Nuestra labor nace de ahí, porque no es el momento show, es el proceso que tiene debajo”.

¿Qué buscan con el plan decenal?

“Cuando uno quiere ir hacia un lugar, uno tiene que saber desde dónde sale y para dónde quiere ir y cómo. Yo voy a ir a Llanogrande, yo sé que estoy aquí y que voy para allá. Me puedo ir caminando, pero me voy a demorar, puede ser rico porque voy a ver la ciudad, o me puedo ir en carro, en bus, en bicicleta, y cada forma de ir es diferente y trae ventajas y desventajas. El plan decenal es establecer una ruta mediante la cual vamos a llegar a unos objetivos, qué implica, cuáles son. Partimos del plan decenal que ya termina y la construcción del nuevo es hacer una retroalimentación, cómo nos fue cumpliendo, dónde estamos, hemos cambiado mucho como sociedad, hay unos avances inmensos en la parte tecnológica. Es básicamente un ejercicio de pensamiento estratégico para guiarnos, porque una administración dura cuatro años, pero el sector siempre está. Lo que es muy bonito de esa construcción es comunicarse con la comunidad, con los artistas, con el público y tomar una hoja de ruta que nos permita que, sin importar quién esté aquí sentado, sepamos hacia dónde vamos. Son guías que nos ayudan a no perder el rumbo”.

¿La cultura para transformar?

“El arte transforma, a mí me transformó, y me cambia a cada rato. Sí pienso que una transformación social tiene que tener el componente artístico y cultural, porque es la forma en que uno puede dialogar, desarmar sin tensiones, porque estás hablando con el individuo desde la sensibilidad más alta”.

¿Qué va a pasar con la Casa de la Literatura?

“Es un equipamiento cultural nuevo que vamos a inaugurar muy pronto, la idea es que desde ese lugar trabaje el equipo de fomento a la lectura, que esté trabajando muy de la mano de todo lo que tiene que ver con los temas de Fiesta del Libro. Será pronto, en los primeros cien días. Además es una belleza”.

Es bailarina, y aquí en Medellín la danza no ha sido la más importante. Hay mucha expectativa...

“En un puesto como estos tienes que ver el bosque, pero pues... para mí la danza es muy importante. No es un sector fuerte todavía”.

¿Qué “hacía” usted en sus ratos libres?

“Monto en bicicleta, amo la bicicleta, tengo de ruta y de montaña, y apenas pueda tendré mi simulador en la sala de mi casa. Para mí la montada en bicicleta es muy importante, y ahora que estoy en Medellín voy a pasar tiempo con mi familia y amigos”.

¿Ya no baila?

“Bailo salsita que me gusta mucho, pero por los tornillos en las rodillas no puedo bailar mucho, por eso monto en bicicleta”.

Contexto de la Noticia

En un minuto de artistas colombianos que le gustan

Un escritor

“Hay varios. Evelio Rosero me conmueve. Tomás González, de lo más contundente que he leído”.

Un artista plástico

“Jaime Franco, tengo dos obras suyas en casa”.

Un músico o banda

“Hay muchas. Amo la música clásica. Carlos Vives me parece fabuloso, La 33 me parece increíble. Hay un artista que es de Providencia, Elkin Róbinson, es del alma”.

Un bailarín

“Ahí me pones en aprietos, es que son mis hermanos. Tengo que mencionarte a Leila Castillo, a Ángela Abello, a Luisa Hoyos y a Marbel Benavides. Están construyendo la historia de la danza en el país”.

Mónica Quintero Restrepo

Es periodista porque le gusta escribir. A veces intenta con la ficción, y hasta con los poemas, y entonces se llama Camila Avril. Le gusta la literatura, el arte y contar historias. Es periodista de Cultura y editora de Tendencias. Un día estudió Hermenéutica Literaria.

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