Desaprender y aprender nuevos conceptos tácticos en un período tan corto de tiempo, como año y medio, es complejo.
Y esto es lo que la plantilla de Nacional le ha tocado experimentar con las salidas anticipadas de los técnicos Juan Manuel Lillo y Jorge Almirón.
Entre el cúmulo de falencias colectivas que tiene el cuadro verde este semestre asoman dos como causantes, de primer orden, de la mala imagen que deja el equipo sobre el terreno de juego.
La primera es la presión y solidaridad colectiva en función de la recuperación de la pelota, concepto que explica el técnico Miguel Prince, experto en tácticas defensivas.
“Nacional desde hace años, incluso desde Juan Carlos Osorio, se acostumbró a la presión alta para recuperar rápido y tener la mayor cantidad de tiempo el protagonismo con el balón”, explica.
“El problema es que lo siguió haciendo sin la coordinación de otros tiempos y lo que ha expuesto son sus falencias colectivas, luciendo mal en los retrocesos y arriesgando innecesariamente lo que le costó muchos puntos”, enfatiza.
La clave para solucionarlo: trabajo, repeticiones y preparación física. “En tiempos de Reinaldo Rueda hasta Macnelly Torres pasaba la línea del balón, era un conjunto compacto. Hoy, generalmente, Nacional luce alargado entre sus líneas”, concluye el estratega.
El otro aspecto que urge mejorar son las transiciones de defensa a ataque, un mal que, incluso, podría decirse que les costó el título ante Tolima con ese desastroso contragolpe sin arquero rival.
“Estamos trabajando mucho la definición y las transiciones que nos faltaron en Neiva”, señala Hernán Darío Herrera, aunque conviene decir que no solo en esa ocasión les ha faltado el plus para finalizar esas jugadas que combinan precisión, inteligencia y eficacia y que sería una importante solución al déficit ofensivo que ostenta el equipo.
Pero esto requiere dos claves: trabajo en semana y disposición de cada jugador.
Regístrate al newsletter