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Estos 3 gigantes son las nuevas joyas del baloncesto paisa, y no querían jugar al básquet

Yuliany, Manuel y Johan llegaron a la Selección Antioquia por casualidad y gracias a lo que miden.

  • Manuel, Yuliany y Johan en acción en la cancha del Iván de Bedout, donde han alcanzado el nivel que los hace sobresalir en el baloncesto nacional. FOTO Manuel Saldarriaga
    Manuel, Yuliany y Johan en acción en la cancha del Iván de Bedout, donde han alcanzado el nivel que los hace sobresalir en el baloncesto nacional. FOTO Manuel Saldarriaga
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  • Estos 3 gigantes son las nuevas joyas del baloncesto paisa, y no querían jugar al básquet
Publicado el 05 de septiembre de 2022

Nunca se imaginaron en un maderamen, convirtiendo cestas y siendo referentes, tampoco los apasionaba el baloncesto, lo único que tenían para estar allí era su estatura. Así comienza la historia de Yuliany Paz Perea, Manuel Stiven Blandón Moreno y Johan Steve Ríos Rodríguez, las nuevas joyas del baloncesto paisa.

Los tres superan los 1,95 metros de estatura, son gigantes, que imponen respeto, admiración y ejemplo. Manuel y Johan fueron descubiertos en Apartadó, mientras que a Yuliany la vieron por primera vez en su natal Chocó y, aunque no tenían idea ni de cómo agarrar la pelota, los tres dejaron asombrados a sus entrenadores Luis Fernando Lopera y Luis Miguel Cuenca, pues tenían la talla perfecta para sobresalir. Por ello, fueron llamados por los entrenadores para iniciar el proceso y entrenar con Antioquia.

Hoy, además de ser los campeones nacionales, y aportar su talento para que Antioquia vuelva a lo más alto, Johan Manuel y Yuliany se proyectan con sus condiciones, esas que ni siquiera sabían que poseían.

La NBA y las ligas de Europa son el rumbo que se trazan, cada día se sienten más seguros de alcanzar esos objetivos y le agradecen al baloncesto tener casa, comida, estudio y viajes. Los tres residen en la Villa Deportiva y gracias al deporte cursan también sus estudios.

Un coliseo en contra

A Luis Miguel Cuenca lo impactó, no solo la estatura de Yuliany, a los 15 años superaba los 1,90 metros, sino su persistencia a pesar de tener a todo un coliseo en contra. Sucedió en los Juegos Nacionales de 2015, y Yuliany hacía parte de la selección local, que enfrentaba a Antioquía. El coliseo estaba a reventar y el fervor en las tribunas llegó a su nivel más alto. La orden que tenía era ganar los rebotes y pasar el balón a la capitana para lograr las cestas. Parecía fácil, pero no lo era y el público que llegó a apoyarlas se volcó en su contra.

“Fue impresionante, la gente gritaba furiosa ‘saquen a la gorda’, pero mi entrenador decía que no, que siguiera porque me necesitaba. Yo no lloré ni me sentí mal, era consciente de que no sabía jugar”, rememora entre risas Yuliany, quien nunca más volvió a jugar en su pueblo, aunque le han propuesto hacer un torneo en su honor, pues ahora es el orgullo de esa región.

Sin embargo, apareció una luz que le cambió la vida. Al final del partido, Luis Miguel Cuenca, el técnico de Antioquia habló con ella y su mamá Nervita Perea, a quien convenció para traerse a la niña a entrenar con Antioquia. “Venirme para acá me cambió la vida, y aunque pasé días duros y lloraba mucho por estar lejos de mi familia, el apoyo del profe Luis Miguel y mis compañeras fue vital”.

Lo primero que tuvo que hacer fue bajar de peso, perdió 17 kilos. Con ese compromiso y más entrenamiento llegó otro regalo, el llamado a la Selección Colombia y la experiencia de viajar fuera del país. “Siento que cada cosa ha valido la pena, acá puedo estudiar, he viajado a muchos países y tengo un nivel de vida que me permite estar bien, tranquila, haciendo lo que me gusta”, comentó Yuliany.

Con la Tricolor logró medallas de oro en los pasados Juegos Bolivarianos, en baloncesto 5X5 y el 3X3, el que más le gusta y en el que ha estado en diferentes torneos internacionales, uno de ellos el Mundial juvenil en Tailandia, donde quedó impactada por la gastronomía y el olor del país. “El olor no era agradable, y la comida, Dios mío... Afortunadamente había menú internacional. Un día vi en una vitrina cucarachas fritas, casi me desmayo”, narró la deportista, quien a sus 22 años alcanzó los 1,97 metros de estatura.

Es apasionada por las redes y sobre todo de TikTok, donde sube contenidos de lo que ama hacer: bailar, jugar baloncesto y burlarse de su estatura, pues aprendió a reírse de sí misma.

En la Villa tuvieron que construirle una cama más grande, pues cuando se estiraba los pies le quedaban colgando.

Su palabra favorita es la perseverancia y en su proceso deportivo y académico entrega lo mejor. Estudia Derecho y ya cumplió el sueño de conocer a su ídolo, la basquetbolista Sylvia Shaqueria Fowles, de Estados Unidos, a quien tuvo como rival en unos preolímpicos. “Fue emocionante, le dije que la admiraba y me regaló unas zapatillas. Me aconsejó seguir entrenando fuerte”, recordó mientras contó que calza 44.

Se ve como jugadora profesional, viajando por varios países y aprendiendo culturas.

“Nunca pensé que el baloncesto me iba a cambiar la vida”

Estos 3 gigantes son las nuevas joyas del baloncesto paisa, y no querían jugar al básquet

A Manuel Stiven le decían que fuera a entrenar baloncesto pero se negaba, no le gustaba, prefería el fútbol, pero eso no era lo suyo. A los 15 años decidió dejarlo y pasar un año lejos del deporte. Un día vio un amistoso entre Apartadó y Chigoró previo a los Departamentales, y ahí algo cambió. Decidió inscribirse y arrancar un proceso, primero con el equipo femenino mientras aprendía los movimientos del baloncesto. Así le fue cogiendo amor. La pandemia le impidió disputar los Intercolegiados, pero se concentró en ver videos para mejorar sus habilidades. Tras el final del confinamiento llegaron las alegrías, fue convocado al equipo de Apartadó para los Departamentales y, por su nivel, fue titular. Avanzaron hasta la final y así apareció en el radar del técnico Luis Fernando Lopera, quien le propuso radicarse en Medellín. Estuvo dos semanas en pruebas con la Selección Antioquia y, tras culminar el colegio, se traslado a la Villa Deportiva. Ahora su principal objetivo es alcanzar un lugar en la Tricolor. “Nunca pensé ni dimensioné lo que el baloncesto me podía dar, me ha permitido cambiar de nivel de vida, estudiar, viajar, conocer ciudades, gente nueva, cosas que en Apartadó no iba a lograr”, mencionó el joven de 19 años que cursa primer semestre de Ingeniería de Sistemas en la Universidad de Antioquia. Tiene como referente a Juan Diego Tello y sueña con ser profesional y jugar en el exterior.

La NBA, el sueño que alimenta Johan

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A Johan Steve un compañero del colegio le dijo que se metiera a baloncesto y a pesar de no entrenar le fue muy bien en Juegos Intercolegiados y así poco a poco se enamoró de las cestas. El entrenador Juan Carlos Garcés lo motivó para que siguiera en este deporte y, con sus 1.95 de estatura, se empezó a destacar hasta que fue convocado para jugar con Antoquia. Su primera salida con la Selección fue al clasificatorio de Santa Marta, y aunque le ha costado estar lejos de casa, sueña con mejorar cada día, llegar a un equipo de la Liga Profesional y la NBA, una meta que sabe puede alcanzar si sigue con los entrenamientos y la preparación. Se graduó como bachiller del colegio José Celestino Mutis de Apartadó y, aunque no tiene claro que carrera le gustaría estudiar, sabe que debe aprovechar la oportunidad de estar en la Villa Deportiva donde cuenta con todo para poderse dedicar al entrenamiento y el estudio.Es tímido, de pocas palabras, pero en el maderamen es potente, fuerte, con un pulso milimétrico para los lanzamientos y una capacidad física impresionante. Con Antioquia acaba de ser campeón y espera que pronto lo llamen a la Selección Colombia, pues ya además de amor, le agarró pasión al deporte.

Si quiere más información:

Luz Élida Molina Marín

Periodista de la Universidad del Quindío. Cuyabra hasta los huesos y mamá de un milagro llamado Mariana, amante de la salsa y apasionada por el deporte.


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