Pico y Placa Medellín
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Para ser un buen tenista no basta con derrotar a los mayores. Apenas es una fracción.
A los ocho años Alejandro Arcila empezó a jugar contra niños de 12 de edad. Un año después ya se medía con tenistas de 14.
En todas las notas periodísticas que le han hecho desde entonces destacan el hecho de que el menudo muchacho, que está próximo a cumplir los 11 años, compita y derrote a rivales que son hasta cinco años mayores.
Él, sin embargo, lo asume con naturalidad, libre de toda presunción o timidez. Sabe que el desempeño que sorprende en su entorno es consecuencia de la convicción con la que toma decisiones, asume compromisos y acepta renuncias desde los seis años.
“El sueño de Alejo de ser tenista profesional nos ha llevado a perderle el miedo a hacer cosas distintas”, confiesa María Paulina, su mamá.
“Claro, yo a veces me pregunto si...