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Unidos y en paz podemos crear todos los futuros

13 de febrero de 2015
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Me honra EL COLOMBIANO al pedirme la difícil tarea de ser director por un día y tratar de expresar en la línea de esa publicación lo que he aprendido y siento como ciudadano de un país al que de cerca y de lejos he visto progresar, retroceder, crecer, sufrir y alegrarse en medio de sus esfuerzos de crear un colectivo justo, cohesionado y durable que permita a las nuevas generaciones usar racionalmente sus infinitos recursos y vivir en paz.

Me enorgullece saber que tengo como compañeros de fórmula a J.Balvin y a Carlos Mario Oquendo, dos líderes de nuestra tierra que han trascendido fronteras y encontrado en el arte y el deporte la mejor forma de lograr su realización personal y de hacer nación.

Ya mis predecesores en este lindo ejercicio han hablado de la inminente necesidad de lograr la paz y de cómo esta solo se construye con esfuerzo y generosidad, siendo la educación para todos y la permanente búsqueda de la equidad, condiciones fundamentales para lograr el objetivo.

No me ha sido fácil dar en pocas palabras mi visión de todo lo que implica la formación futura de un país más estable y fructífero dentro de lo humano y con las diferencias que hacen de cada uno de nosotros un ser especial y único. Es por esto, y a sabiendas de que el diario de hoy es tan efímero como un día, por lo que les he pedido a mis colaboradores en EL COLOMBIANO acompañarme a construir una publicación ligera y positiva, en la que primen las palabras y conceptos simples, tocando lo que pensamos que es más necesario, privilegiando las acciones creadoras a largo plazo, lo sostenible sobre lo efímero y lo fundamental sobre lo accesorio. Hemos querido destacar aquello que creemos ofrece un mayor retorno social, utilizando como hilo conductor lo bueno y noble de nuestra herencia y dando por descontado que, como hermanos, sabremos vivir en paz.

Todos los futuros existen como una posibilidad para un país y una sociedad. Y el que tendrán nuestros hijos depende sin duda de las exigentes metas que nos pongamos hoy, de nuestro trabajo constante y sin reposo para lograrlas, además del hecho de no perder jamás de vista la trayectoria y el objetivo mayor de crear un territorio con oportunidades para todos, con justicia y equidad dentro de un marco de respeto por la vida, el trabajo y la dignidad de cada uno.

Vivimos en un Estado de derecho y mientras este Estado garantice nuestra vida, nuestra seguridad, nuestra honra y nuestros bienes, tenemos todo al alcance y podemos ser lo que deseemos a través del propio esfuerzo.

He sido un empleado empresario y desde esa órbita ya viví mi oportunidad de tratar de construir durablemente en el mundo real. Es en ese caminar que me he formado la idea de que en Colombia hay una superabundancia de opiniones y recetas, y que es muy seguro que, eligiendo con cuidado algunas, las más sensatas y viables, haríamos mejor que si optáramos por un infinito menú de ingredientes y sabores.

Un amigo escéptico me preguntó hace algunos días: ¿Qué harías tú, si pudieras, qué cambiarías para llegar más rápido y mejor a la meta que has soñado?

Para empezar, hay que aceptar que innegablemente hemos avanzado considerablemente como sociedad. Aunque aún nos falta mucho en seguridad física y normativa, vivimos en una nación joven que ha crecido, se ha modernizado, se ha educado, ha integrado millones a la clase media y se adapta a las nuevas tecnologías. El de hoy es un país más fuerte, más dinámico, más formado y con más oportunidades que hace 10 y 20 años. Lo vemos día a día, pero cargamos con el peso de saber que aún somos demasiado desiguales en oportunidades y nos intranquiliza sentir que la informalidad, la mafia, el crimen, la falta de valor de la vida y la cultura del vivo, se ven hasta el cansancio en todos los ambientes, todos los días.

Es en este contexto que me permito usar la ventana que hoy me da EL COLOMBIANO para opinar en voz alta sobre una o dos cosas que para mí estarían en la lista de prioridades, con el fin de acelerar el paso hacia ese futuro ideal y que el equipo de colaboradores ha tratado de resaltar en las páginas siguientes.

Para empezar, creo que el país cuenta con recursos que pondrían fin a la desnutrición infantil. Sin nutrición no se forma el cerebro. Sin cerebro la educación no es posible y sin ella no hay buenos y productivos ciudadanos para el futuro. La atención integral a la primera infancia y, sobre todo, en los primeros mil días de nuestros niños, es un propósito de largo aliento. Entendiendo que, como dice el Papa, tampoco se trata de tener hijos como conejos. Sabemos que se requieren educación y más responsabilidad en ese tema. De lo contrario, el crecimiento demográfico desbordará siempre los esfuerzos de Estado, fundaciones y particulares.

De manera concomitante y contando con niños aptos gracias a la atención adecuada, podremos impartir educación a todos los niveles y reducir las diferencias.

Y es en esa prioridad de asignación de recursos en la que debemos hacer el mayor esfuerzo para invertir en una formación de excelencia a nuestros maestros, a quienes hay que distinguir y honrar como lo más sagrado en una nación que entiende el valor de aquel a quien entregamos nuestros hijos en crecimiento. La familia y el maestro transmiten a las futuras generaciones el conocimiento, la herencia y el legado como valores fundamentales.

Hemos querido enfatizar en el arte y el deporte, pues se suman a la educación y juegan un papel fundamental, transversal y para todos, entrando a hacer parte de nuestra memoria colectiva en la forma de un lenguaje universal y como expresiones humanas que cohesionan la sociedad para lograr más igualdad.

Creemos que si trabajamos en lo anterior de manera consistente y sumamos a ello el respeto a nuestra riqueza ambiental y el cuidado de nuestras ciudades, podremos acelerar la formación de los nuevos ciudadanos que mañana harán país a través de la empresa, la universidad, la política, la economía, la investigación, el arte en sus distintas manifestaciones y todas aquellas disciplinas que se abren hoy al ser humano. En esta edición exaltamos a algunos de los muchos que hoy lo logran de forma ejemplar.

Ese futuro que todos anhelamos dependerá de nuestras aptitudes y recursos, pero también de nuestras actitudes.

¡Sintamos que ya es hora! Vivimos en un mundo interconectado en el cual los avances de la educación y la ciencia están cada día más al alcance de todos. Aprovechemos para con ellos dar un salto de gigante en formación.

Al final, una generación vive y disfruta de lo sembrado por las anteriores. Dejemos el inmediatismo, agradezcamos nuestra herencia única y positiva que es mucho mayor que la negativa. Hagamos una paz con equilibrio y respeto a la institucionalidad, no ahoguemos más a las empresas formales con excesos de regulación y de tributos, olvidemos los días negros, gocémonos esta patria sanamente y sembremos hoy lo nuestro con conciencia de largo plazo, para que los colombianos de mañana disfruten del milagro de la vida y la belleza de esta tierra bendecida en recursos y oportunidades.

Infográfico
Unidos y en paz podemos crear todos los futuros

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