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HISTÓRICO
ABANDONADOS A SU SUERTE
  • ABANDONADOS A SU SUERTE |
    ABANDONADOS A SU SUERTE |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 20 de marzo de 2013

Al fallar en algunas de sus responsabilidades básicas, el Estado colombiano ha abandonado o subcontratado el control de enormes extensiones de su territorio. Nuestros problemas de seguridad, pero también de desarrollo económico y social, tienen su origen y combustible en la desidia central frente a las periferias.

Estados-Nación se han constituido bajo la idea de vías de comunicación, seguridad y provisión de justicia. Eso es lo básico, eso es lo mínimo y, sin embargo, parece escurrírsele de las manos al Estado colombiano en casi todos sus intentos de lograrlo.

En su influyente libro "¿Por qué fracasan los países?", Daron Acemoglu y James Robinson aseguran que la desidia centralista de las autoridades colombianas llevó a que capitales nacional y provinciales dejaran el poder regional en manos de mafias políticas y armadas. La desconexión ha sido premeditada; a la sabana le ha interesado muy poco el acceso, el control y la prosperidad de los llanos, las costas, montañas y riberas.

La descentralización política que ha adelantado el Estado colombiano en los últimos años simplemente les dio más recursos a las mafias regionales para su trabajo de depredación. Regalías y transferencias se han unido, en algunos casos, a las rentas mineras y cocaleras que persiguen grupos armados y corruptos locales.

En muchos casos, la cuestión es de simple comunicación, pero el estado de la infraestructura vial de nuestro país nos muestra un preocupante diagnóstico sobre la efectividad de cualquier esfuerzo de construcción estatal. En efecto, según datos del Ministerio de Transporte, en 2011, solo 17.283 kilómetros de nuestra red vial hacen parte de las vías primarias, y de estas solo 8.313 están pavimentadas.

El panorama es igual de desalentador en el transporte fluvial. El Magdalena, por ejemplo, pasó de transportar 2.131.348 toneladas en 2002 a 1.631.269 en 2011. De otro lado, el desmonte de la red ferroviaria ha llevado a que los 2.822 kilómetros que teníamos en 1980 se reduzcan a 1.672 en 2009, según el BM.

El aislamiento ha implicado en la historia colombiana el ascenso de poderosos grupos competidores del Estado central; desde guerrilleros y paramilitares, hasta narcotraficantes y corruptos, todos se han sostenido en el abandono sistemático de la centralidad para capturar las periferias.

Sin vías, sin comunicación, este país no puede aspirar a llevar el Estado a todo su territorio, y este es un error que la dirigencia central parece, de nuevo, estar repitiendo.