Con la muerte de Alberto Aguirre se pierde una de las plumas más portentosas y críticas de nuestra historia. Aquí sí que podemos decir que con su partida, perdemos una biblioteca universal.
Polifacético, culto, sensible, corrosivo, pero ante todo, coherente. Vivió y escribió como pensó, con los dolores de la humanidad siempre sobre sus espaldas.
Su columna Cuadro, en El Mundo, en Cromos, y, durante muchos años, en El Colombiano, fue imprescindible para quienes buscaban una voz alejada de todo unanimismo. Con un prodigioso dominio del idioma, no había una sola columna suya que dejara indiferente al lector. A veces con ferocidad, a veces con ironía, otras muchas con humor impagable, la crítica de Alberto Aguirre a las injusticias sociales y los abusos de poder harán mucha, muchísima falta.
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