Cuando Tim Berners-Lee tuvo la fortuna de inventar la World Wide Web hace veinte años, en marzo del luminoso 89, tal vez no temía que la red pudiera ser no sólo instrumento de armonía entre los cibernautas sino también medio de deshumanización y degradación de los valores y probable detonante de conductas criminales, como la de su tocayo Tim Kretschmer, el joven alemán que la semana pasada mató a quince personas en un colegio de Winnenden.
La matanza perpetrada por el muchacho alemán desencadenó profunda discusión en Europa. También se debate en Estados Unidos a propósito de recientes episodios de violencia como el de Samson, Alabama, donde Michael McLendon exterminó parte de su familia. Comentaristas, educadores, filósofos, comunicólogos y psicólogos han opinado en grandes periódicos. Los pavorosos hechos han ocasionado consternación social y desplazan muchos otros asuntos de actualidad.
¿Por qué suceden semejantes acontecimientos en sociedades hiperdesarrolladas, donde estaría erradicada la barbarie? La mayoría de las opiniones se concentra en el cuestionamiento de las fallas en la pedagogía. Der Spiegel (El Espejo), de Berlín, interpela a los padres de familia sobre la clase de educación que están dándoles a los hijos.
Aunque no está señalándose el origen de la violencia juvenil en la sugestión de los medios audiovisuales e informáticos, sí vuelve a llamarse la atención sobre el influjo peligroso de los videojuegos. Se ha dicho que Tim Kretschmer, el desgraciado homicida múltiple de Winnenden, practicaba el inofensivo pimpón pero también era adicto a un juego (Counter Strike) con el que se disfruta viendo caer gente.
Podrían aventurarse muchas hipótesis. No es desatinado presumir que la despersonalización, la indiferencia por los más próximos, el enfriamiento de los afectos familiares y el tratamiento a los jóvenes como seres que estorban en la casa (en Norteamérica y varias naciones europeas no es raro que los echen a que cojan destino al llegar a los dieciocho años) están formando individuos solitarios, que tratan de refugiarse en las listas de amistades emergentes de unas redes sociales que pueden resultar engañosas. Con la fascinación del facebook y los videojuegos tratarían de colmar el vacío existencial. Cambian a los familiares y amigos reales por nuevos amigos virtuales.
El mismo Tim Berners-Lee, inventor de la www, ha alertado sobre los riesgos de la Internet. Su confiabilidad o su perversidad dependen del uso que se le dé. Cuando se habita más en la virtualidad ciberespacial que en la realidad pura y dura, puede que todo se virtualice, que los valores se diluyan y dejen de valer, incluso el valor de la vida. El peligro está en que sólo haya un paso entre dejarse alienar por la virtualidad valorativa y creer que matar es un simple juego de video.
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