La amenaza de una nueva recesión mundial, impulsada por la crisis de la deuda en la zona del euro, centró los debates de los ministros de Finanzas de más de un centenar de países, reunidos ayer en Washington para las asambleas anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM).
La nueva responsable del FMI, la francesa Christine Lagarde, volvió a advertir a todos que el mundo atraviesa "un momento decisivo".
Los representantes de las principales economías -avanzadas y emergentes-, miembros del llamado G-20, emitieron una declaración inesperada con la intención de tranquilizar a los mercados, en el que reafirmaron su decisión de dar "una respuesta fuerte y coordinada" a las actuales turbulencias y a los desafíos que afronta la economía global.
El G-20 fue el foro que coordinó la respuesta internacional a la crisis financiera desatada en 2008 tras el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos.
Ahora, el epicentro de la crisis se encuentra en el corazón de Europa, donde los 17 países que comparten el euro tratan de evitar la quiebra de las finanzas públicas de Grecia y el contagio de la inestabilidad a otras economías de mucho mayor tamaño, como Italia o España.
La supervivencia misma del euro ha sido puesta en cuestión en estos días, al multiplicarse las señales de alarma en torno a la salud de los bancos europeos más expuestos a la deuda de los países rescatados (Grecia, Irlanda y Portugal).
En su intervención ante los 187 miembros del FMI y el BM, el ministro británico de Finanzas, George Osborne, declaró a los medios que los miembros de la Eurozona son conscientes de que "el tiempo se agota" para poner en marcha todos los cortafuegos.
"Existe una sensación de urgencia mucho mayor que hace tres semanas, y una gran presión sobre la Eurozona por parte de toda la comunidad internacional", afirmó Osborne, cuyo país no ha adoptado la moneda única europea.
Aunque Lagarde señaló la "especial responsabilidad" de las economías avanzadas -la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, en particular- advirtió a los países emergentes de que no escaparán a la crisis, si no actúan coordinadamente.
"No nos confundamos", argumentó, "el Sur no es inmune a las equivocaciones del Norte". "Hemos entrado en lo que he llamado una nueva fase peligrosa", recordó.
En su comunicado, los ministros y gobernadores del G-20 reconocieron que los nuevos riesgos "han vuelto el clima más incierto para los países emergentes", los cuales están ajustando sus políticas macroeconómicas en consecuencia, para mantener la estabilidad y sostener el crecimiento. "Reiteramos que la excesiva volatilidad y los movimientos desordenados en los tipos de cambio tienen implicaciones adversas para la estabilidad económica y financiera".
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