La muerte de cuatro policías y cinco soldados en Solita, Caquetá, y Angostura, Antioquia, durante la semana que pasó, tiene significados en dos direcciones: una, el accionar cobarde de la guerrilla que los atacó por la espalda, en un hecho, y con minas antipersonal, en el otro. La siguiente arista hace visible el valor que imprimen los uniformados de las Fuerzas Armadas a su labor en defensa de la seguridad ciudadana y del orden institucional.
Resulta lamentable que la vida se vea atacada y menospreciada por quienes creen que, alzados en armas ilegalmente, alcanzarán difusos y desvalorizados propósitos político-militares. Es un dolor para la patria perder a muchachos aguerridos y humildes, cumplidores del deber, a manos de criminales que ya saben de sobra que sus actos no van a ningún lado.
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