La semana anterior fueron presentados los resultados de la encuesta de calidad de vida que por primera vez se realizó de manera conjunta para Medellín, el Valle de Aburrá y el departamento de Antioquia, en un trabajo de la Comisión Tripartita que integran los entes de planeación de la Alcaldía, el Área Metropolitana y la Gobernación.
Lo primero es señalar que este es un instrumento fundamental para el buen diseño de políticas públicas. Los indicadores evidencian las razones estructurales que mantienen ancladas las regiones en situaciones de bajo desarrollo. Uno de los indicadores que nos sirven para mostrar estas asimetrías es la educación superior. Mientras en el Valle de Aburrá se tienen niveles de 22 estudiantes en educación universitaria o técnica por cada 100 jóvenes, en el resto del departamento solo se tienen entre cuatro y diez.
¿Cómo pretendemos que no haya migración de jóvenes en busca de educación, o cómo queremos que haya un desarrollo armónico del departamento, si no generamos capital social y humano en las regiones? Los mapas que ilustran por regiones los niveles de miseria en el departamento son elocuentes: a medida que la miseria es más grave, el color de la región se hace más oscuro; Antioquia queda con un centro claro, pero la situación es cada vez más crítica en la medida en que se aleja hacia la periferia. Esto debe cambiar.
No es admisible que las dos regiones más ricas y con mayor potencial del departamento, Urabá y Bajo Cauca, tengan dos de las cifras más bajas en el indicador de condiciones de vida. La dirigencia de estas regiones debe revisar con profundidad qué está pasando con los cientos de miles de millones de pesos que generan año tras año y por qué esto no se ha traducido en equidad, inclusión y calidad de vida para sus habitantes.
En Antioquia hemos avanzado en muchos aspectos, desde hace varios años. La Alianza por la Equidad sigue siendo un trabajo persistente y juicioso para cambiar estructuralmente al departamento. Maná es un programa ejemplo en el mundo. En vivienda se están haciendo esfuerzos sin precedentes. Lo mismo se puede decir en las áreas de educación básica, salud y agua potable. En energía se logró la igualdad tarifaria.
Nos falta buena parte de la tarea en desarrollo económico, productividad y competitividad en las regiones. Este es el trabajo por hacer en los próximos años. Si las regiones no logran dar el salto en materia de generación de bienestar, nos quedaremos haciendo transferencias de asistencialismo sin lograr que se tenga desarrollo autónomo.
Antioquia tiene un enorme potencial como región y siguen siendo válidos los planteamientos que se han hechos desde el Planea y otros espacios, de que el departamento puede y debe potenciar zonas y nuevos centros urbanos de más de 500 mil habitantes, basados en una nueva ruralidad y que propicien un desarrollo más equilibrado, equitativo e incluyente.
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