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HISTÓRICO
APATÍA, MOVILIZACIÓN Y GUERRA
  • SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
    SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 02 de mayo de 2012

Los colombianos vemos la guerra como una realidad ajena.

Los combates en Montes de María, Corinto o Arauquita bien podrían estarse desarrollando en Basora o Kabul. Para muchos de nosotros, la relación con la guerra se reduce a seguir las noticias con la indiferencia que siempre nos ha caracterizado. La muerte de colombianos y el sacrificio de nuestros soldados, nos viene a importar lo mismo que lo ocurrido en cualquier otro conflicto del planeta.

Saludar a los soldados que cuidan las vías cuando estamos de viaje no es suficiente. No puede serlo. Tampoco las esporádicas donaciones o las ambivalentes expresiones de admiración.

Nuestro apoyo a las Fuerzas Armadas no puede reducirse a un ejercicio de culpa. Nuestros soldados, sus familias y la nación se merecen un compromiso sin vacilaciones o excusas. Durante las guerras modernas, particularmente las dos mundiales, la movilización y el apoyo de la población civil al esfuerzo bélico, en la forma de financiación con bonos de guerra y jornadas más largas en las fábricas de armamento, resultaron fundamentales para la victoria o derrota de los países en conflicto. Entiendo que una movilización de esta magnitud resulta anacrónica en nuestro tiempo y realidad, pero rescatar ese espíritu de compromiso incondicional y apoyo activo a recuperar la paz y defender nuestras libertades, derechos e instituciones bien valdría la pena.

Porque el día que nos resignamos a la inacción y la apatía, es cuando renunciamos a la compasión y a la responsabilidad de reconocer los sacrificios que otros realizan por nosotros.

Existe una manera de movilizarnos, apoyando a los soldados heridos en combate y a las familias de los caídos. Según cifras gubernamentales, desde los 90 las minas antipersonal han herido a 6.024 miembros de la Fuerza Pública. De igual manera y solo en 2011, 2.089 militares resultaron heridos y otros 483 murieron.

De acuerdo con un estudio publicado en la Revista Med en 2009, los soldados heridos en combate tienen un mayor riesgo de desarrollar estrés postraumático. Más del 16% de los militares involucrados en el estudio presentaron síntomas del trastorno durante su recuperación en el Hospital Militar.

En Colombia, la Corporación Matamoros se encarga de canalizar la ayuda, donaciones y apoyo a los soldados y sus familias. Sin embargo, el desafío es enorme y los colombianos les debemos a los miembros de la Fuerza Pública la movilización civil que les garantice el reconocimiento y el apoyo por su sacrificio, servicio y compromiso.