A John Jairo lo pusieron a bajar un par de kilos para un torneo y por eso le prohibieron el arroz y el huevo. Su padre, desconsolado, llamó a la entrenadora: "señora, ¿qué le doy si eso es lo único que comemos?".
La historia de John Jairo Serna está hecha con sudor. Es un chico nacido en Santa Rosa de Cabal, hijo de un vendedor ambulante de perros y avena en Pereira, que en un par de años y a puro esfuerzo, logró dos títulos en el Mundial júnior de levantamiento de pesas en Perú.
"Lo recuerdo sentado en una acera esperando al papá que vendiera y pudieran conseguir para la pieza. De un estrato socioeconómico muy bajo, pero que con talento y condiciones sabíamos que iba a triunfar", explica Ricardo Celis, presidente de la Liga de Pesas de Risaralda, quien además de dirigente se ha convertido en su padre.
Hallado en una visita al colegio Jesús de la Buena Esperanza hace cuatro años, John Jairo mostró aptitudes para la halterofilia. "Se veía desde el principio; jugaba fútbol, pero lo convencimos de que tenía condiciones para las pesas. Al mes había dejado el balón y se entrenaba con todo, más tiempo, haciendo técnica. Un muchacho con talento", rememora su entrenadora Luz Adriana Soto, quien lo ha manejado los cuatro años que lleva en este deporte.
Cuando comenzaron los triunfos debió cambiar de vida. Esa de itinerante, pensando en si se habían vendido los perros suficientes para el diario, no era la de un campeón. Por eso Celis, con el apoyo de la Secretaría de Deportes de Risaralda, decidió llevarlo a su casa.
"Vive con mi mamá, pues necesitábamos tenerlo arropado en un hogar, con buena alimentación y tranquilidad. Es introvertido, pero se ha ido acomodando a su nueva vida", anota Celis, que habla con el padre del chico, Éder Serna, y lo tranquiliza: "apoye a su hijo que él va a hacer cosas grandes por Colombia". Por ahora celebra con los oros en el envión (alzó 135 kilos) y total (236).
Junto a Serna, Luis Javier Mosquera también reclamó oro. Es el más pequeño entre cinco hermanos, todos pesistas. "Pero Javier es el de más talento", según su entrenadora, Damaris Delgado. Luis Javier, con 16 años, levantó el oro que le faltó a Serna, el del arranque (104 kilos).
Rivales en la tarima, pero amigos y compañeros en la concentración de la Selección, ha vivido las mimas falencias en la crianza que el risaraldense. "José Novarino, su padre, ha hecho lo mejor posible por sacarlos adelante. Pero es un medio difícil, no tiene imagen materna. Lo más parecido a una mamá soy yo", anota Damaris, quien lo entrena desde los siete años.
Por ahora, Luis Javier y John Jairo celebran sus metales mundiales, y por algunos momentos piensan en oros y no en huevos, arroz o avenas.
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