Una vez quedó por fuera de la contienda electoral el candidato Petro, sin duda el más cercano a los afectos y a las políticas chavistas del Socialismo del Siglo XXI, la mejor opción para el presidente venezolano era Juan Manuel Santos. Eso de que Chávez hizo todo lo posible para que Antanas Mockus ganara las elecciones, no pasó de ser una fantasía, un elemento de distracción.
El no haber llamado personalmente al presidente electo Santos y haberse manifestado más bien, mediante un escueto comunicado de la Cancillería venezolana para felicitarlo protocolariamente, pudiera interpretarse como una demostración de rechazo al resultado de las elecciones en Colombia, pero creo que, por el contrario, mi comandante Chávez está muy contento.
Es más, me atrevería a decir que todo salió de acuerdo con lo presupuestado por él. Juan Manuel Santos era la persona que más le convenía para mantener vivo el enemigo ficticio en que convirtió a Colombia y para poder seguir promoviendo ese sentimiento nacionalista, esa exacerbación de patriotismo furibundo, con el que distrae al pueblo de los gravísimos problemas internos que tiene en su país, y que, en momentos electorales como los que se avecinan (parlamentarias el 26 de septiembre), le mantiene la cohesión de su electorado.
Posiblemente hubo quienes, en algún momento, se comieron el cuento de que Chávez estaba haciendo todo lo posible para que Antanas Mockus fuera el elegido dado que, aparecía como el más débil o el más fácilmente manipulable. Sin embargo, las cosas eran bien distintas. Para Chávez, el candidato Mockus era un político extraño, lleno de ambigüedades y muy complicado de interpretar. Santos, en cambio, además de ser un viejo conocido, le representaba continuidad en el juego que, de tiempo atrás, traía con Uribe. De ahora en adelante, nos tocará oír hablar barbaridades, sobre Caperucita Santos, aquel lobo que disfrazado atacó e invadió a Ecuador, según el señor Chávez.
No hay entonces razón alguna que permita presagiar que con el cambio de gobierno vendrán tiempos mejores para las deterioradas relaciones binacionales.
Por más de que el electo presidente Santos mande mensajes pacificadores y diga que quiere recomponer y estrechar las relaciones con todos los países vecinos y, muy particularmente, con la hermana República de Venezuela, basado en unas políticas de respeto y cooperación, no encontrará una respuesta positiva.
No, no la encontrará porque el acuerdo militar con Estados Unidos seguirá y los efectivos estadounidenses permanecerán en las bases colombianas (bases americanas según Chávez), no porque Santos jamás se retractará ni pedirá perdón por haber atacado el campamento guerrillero de Raúl Reyes en Ecuador. No, no encontrará respuesta favorable, porque él seguirá persiguiendo incesantemente a los narcoterroristas de las Farc y seguirá contando con Estados Unidos como aliado en la lucha contra las drogas. No habrá respuesta porque Santos defenderá el libre mercado y fortalecerá los tratados de libre comercio con los distintos países y seguirá salvaguardando la democracia participativa con independencia de poderes.
Mientras el señor Hugo Chávez Frías sea presidente de Venezuela, mantenga el proyecto de expansión continental con su Socialismo del Siglo XXI y siga estrechando sus lazos con Cuba, con los narcoterroristas de las Farc y con los distintos grupos subversivos del mundo, las profundas grietas que hoy nos separan, se harán cada día más profundas.
Ojalá el temperamento del presidente electo Juan Manuel Santos le dé para aguantar serenamente las violentas arremetidas que le esperan del grosero y lenguaraz vecino.
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