C arlos Fuentes se levantaba temprano. A las siete ya estaba escribiendo. Miraba sus notas y empezaba. A veces también lo hacía al amanecer. Escribía a mano, con pluma. Corregía en la página del frente. Y aún no pensaba en la muerte.
"Mi sistema de juventud es trabajar mucho, tener siempre un proyecto pendiente", le dijo a El País, de España, este año. Y los tenía: había terminado su libro Federico en su balcón, andaba pensando en uno nuevo y dejó dos trabajos más.
Escribir, lo dijo también, era su fórmula para mantenerse joven. Y aunque tenía 83 años estaba seguro de que, "cuando se llega a cierta edad, o se es joven o se lo lleva a uno la chingada".
Todavía lo era, entonces, y su salud estaba bien, según expresó su médico Arturo Ballesteros . Su único problema, desde 1997, era el corazón. Y se sentía tan bien, que estuvo en un viaje de más de un mes en E.U., Chile y Brasil, pasó por la Feria del Libro de Buenos Aires, y en junio pensaba ir a Londres, donde también vivía.
En enero participó en el Hay Festival de Cartagena. " Carlos Fuentes era el rey de la memoria. Hace muy poco, en el Hay, deslumbró recordando viejas películas de los años 50, citando diálogos, recitando el elenco completo de actores. Con la literatura era igual: hacía una síntesis de los poemas épicos hasta nuestro días sin que un título o un autor le fallaran", recordó el escritor Santiago Gamboa.
Su vida
Fuentes nació el 11 de noviembre de 1928, en Panamá. No obstante, era mexicano-mexicano. Incluso si no pronunciaba palabra: su pelo blanco peinado hacia atrás, su bigote casi negro, sus cejas pobladas.
Víctor García de la Concha , el director del Instituto Cervantes, lo comentó en otras palabras a Efe: "Era un hombre universal". Sus novelas trascendieron los límites de su país. Y era un profeta del español. Incluso hacía parte de la Academia Mexicana de la Lengua desde 2001. Era un defensor del español, añadió García de la Concha, "como lengua artífice de una comunidad de gentes que está por encima de la política y por debajo de ella". Alguna vez señaló que su idioma significaba nacionalidad.
Además de la literatura se interesó por otros temas, como la política. Y fue crítico cuando debía serlo. Toda su vida cuestionó a su país por no construir una democracia auténtica, por los problemas sociales y políticos y de violencia.
Álvaro Muti s sostuvo a este diario, que "nos dejó su obra y fue un ejemplo de escritor que vivió en su país siendo juez y testigo al mismo tiempo". En la conversación del festival con Santiago Gamboay Juan Gabriel Vásquez , Fuentes señaló: "Tenemos una especie de melancolía, un sentido de la pérdida, que nos convierte a los mexicanos en seres conflictivos".
La ficción le parecía pertinente para conocer el mundo sin que medie la racionalidad. También para hacerse preguntas sobre ella, pese a que, agregó en la conversación, "nos damos cuenta de que no podemos abarcar la realidad. Nunca podremos competir con ella, siempre será más que cualquier libro".
Del corazón
Su realidad no siempre fue fácil. En la literatura recibió los abrazos, con premios como el Cervantes, el Príncipe de Asturias de las Letras, el de Biblioteca Breve, el Nacional de Literatura de México, el Rómulo Gallegos. Es considerado el fundador de la novela moderna de México y hasta ayer era el escritor vivo más importante de su país. Sin contar los Honoris Causa de universidades como Harvard y Cambridge.
Y era, junto a sus amigos Gabriel García Márquezy Mario Vargas Llosa , creador del boom Latinoamericano. Algunos, incluso, como Gamboa, indican que fue su gran artífice.
"Fueron sus contactos y su celebridad, ganada en 1958 con la publicación de La región más transparente, lo que catapultó a una talentosa generación de escritores latinoamericanos surgidos en los años 70".
Vargas Llosa aseguró ayer que "deja una obra enorme que es un testimonio elocuente de todos los grandes problemas políticos y realidades culturales de nuestro tiempo".
Sin embargo, hubo golpes difíciles, que incluso se leyeron en sus libros, demostrando su fortaleza: vivió la muerte, dramática por demás, de sus dos hijos, Carlos y Natasha. Lo dijo a El País hace poco: "Entre mis libros, mi mujer, mis amigos y mis amores, ya tengo bastantes razones para seguir viviendo".
Era, definitivamente, un hombre de amigos, a los que sorprendió su muerte. Mutis tenía la voz apaciguada. "No estoy en condiciones de hablar y menos de hacer memoria, porque estoy muy triste. Fue el primer amigo que encontré al llegar a México y como tal permaneció hasta hoy. Hablábamos de literatura y política".
Carlos Fuentes murió lúcido. Fue una "hemorragia en el tubo digestivo que le provocó la pérdida del estado de conciencia", confirmó su médico.
Él lo aseguró en su conversación en el Hay, cuando le preguntaron porque se van los escritores de su país: "Yo creo que nos vamos para sentir la añoranza del país". Y ahora que se fue, del todo, tal vez para sentir la añoranza de sus letras.
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