El problema más grave que hoy vive Colombia lo constituye, sin duda alguna, la impunidad, porque tenemos un sistema judicial que no actúa o lo hace con lentitud, en algunos casos se politiza o se parcializa, y por eso se presentan condenas a inocentes o se exonera a culpables. Es común ver en la prensa condenas anticipadas, sin juicio previo, declaraciones infiltradas y una serie de hechos que nos muestran a las claras que es necesario darle un replanteamiento a la Justicia Colombiana.
Los recientes avisos de páginas enteras aparecidos en la prensa capitalina en los últimos días contra los directivos de Bancolombia añaden un síntoma adicional de lo que puede suceder o está sucediendo en la justicia colombiana, al utilizar los medios de comunicación como elementos de presión o de cabildeo para que los jueces fallen en determinado sentido, sin importar el daño que le pueden estar haciendo a la economía del país.
Causa extrañeza que un ex fiscal de la nación, posiblemente bajo un jugoso contrato, utilice su nombre, aprovechando la posición que ocupó, para inducir a la justicia a que actúe en beneficio de determinados intereses particulares. Lo que muchos no recuerdan es que dicho personaje, al final de su gestión, fue presionado por oscuros individuos y al mismo tiempo y coincidencialmente, también oscureció su pelo.
Quienes conocemos a las personas involucradas en estos hechos somos testigos de la transparencia y pulcritud de los directores de Bancolombia y por eso estamos seguros que lo actuado por ellos fue ajustado a la ley y así lo han fallado las cortes norteamericanas, en donde no puede haber ninguna presión.
Esperamos entonces que la Justicia colombiana actúe en forma independiente, sin presiones, para que se haga justicia para bien del sector financiero colombiano y terminemos con este tira y afloje que tanto daño le hace al país.