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El interruptor de la vida: una cirugía pionera para luchar contra la depresión

Este procedimiento implanta electrodos cerebrales conectados a una batería en el pecho, que emite impulsos eléctricos continuos para regular la actividad cerebral y son ajustables por control remoto.

  • La cirugía de estimulación cerebral profunda también se usa en la enfermedad de Parkinson, Epilepsia, Síndrome de Tourette, entre otros. Foto Getty.
    La cirugía de estimulación cerebral profunda también se usa en la enfermedad de Parkinson, Epilepsia, Síndrome de Tourette, entre otros. Foto Getty.
hace 13 horas
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Desde hace 17 años, Lorena Rodríguez vivía en un túnel oscuro. Diagnosticada con un trastorno mixto de ansiedad y depresión, esta enfermedad mental no era una simple tristeza, sino una fuerza invisible que le había robado la iniciativa, la alegría y hasta las ganas de realizar las tareas más básicas, como bañarse o vestirse. La vida cotidiana se había convertido en una cuesta imposible.

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Lorena lo había intentado todo, en una lucha desesperada y solitaria. “Yo lo había intentado todo: terapias psicológicas, cambios de religión, acercamientos espirituales, terapias alternativas, y una larga lista de psiquiatras y fármacos que mi cuerpo terminaba rechazando”, relató. Su última recaída, la más fuerte, la dejó completamente incapacitada, al borde de la desesperación.

Pero, en ese oscuro panorama, apareció una luz de esperanza. Lorena conoció al Dr. William Omar Contreras, un neurocirujano funcional e investigador aliado del Hospital Internacional de Colombia (HIC), quien le comentó de una innovadora posibilidad: la Estimulación Cerebral Profunda (DBS, por sus siglas en inglés), una cirugía que, en sus propias palabras, podía “encender” las partes de su cerebro que se había “apagado” y que causaban la depresión.

Cuando el cerebro apaga las luces

La depresión es una enfermedad mental que, según la OMS, afecta a más del 5% de la población adulta global, con unos 280 millones de personas sufriendo esta condición. Pero, como explica el Dr. Contreras, no es una debilidad o falta de carácter, sino un desequilibrio bioquímico y eléctrico en el cerebro.

Para explicarlo de una forma simple y cercana, el neurocirujano utilizó una analogía muy gráfica: “Es como si las luces se apagaran en barrios clave de una ciudad, afectando la iniciativa, la motivación y la felicidad”, le dijo Contreras a EL COLOMBIANO.

Esta condición se vuelve un problema crítico cuando los pacientes no responden a ninguna terapia convencional, incluyendo antidepresivos, psicoterapia o incluso la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT). En estos casos de depresión resistente al tratamiento, la Estimulación Cerebral Profunda se presenta como una opción revolucionaria.

El bisturí que enciende la esperanza

La cirugía de Estimulación Cerebral Profunda es una intervención de alta complejidad y precisión. Consiste en la implantación de pequeños electrodos directamente en el cerebro. Estos electrodos se conectan a una batería —similar a un marcapasos cardíaco— que se aloja discretamente bajo la piel, generalmente en el pecho. El dispositivo emite impulsos eléctricos continuos que regulan la actividad cerebral. A través de un control remoto y tecnología de telemetría (medición y transmisión inalámbrica de datos), los médicos pueden ajustar la intensidad de estos impulsos de forma precisa según la necesidad de cada paciente.

Una de las ventajas más notables de los dispositivos de última generación es su durabilidad. A diferencia de las primeras versiones que requerían ser reemplazadas cada cinco años, los neuroestimuladores actuales son recargables. Esta innovación no solo asegura un suministro continuo de energía, sino que también prolonga la vida útil del implante, con una proyección de funcionamiento de hasta 25 años. Para Lorena y otros pacientes, esto significa un tratamiento a largo plazo, sin la constante preocupación por futuras cirugías.

Un caso pionero: cuatro electrodos para una batalla compleja

Lo que hace el caso de Lorena Rodríguez verdaderamente extraordinario, y el primero de su tipo en Colombia, es la implementación de un enfoque de cuatro electrodos en lugar de los dos que se usan en la mayoría de los procedimientos de DBS.

El Dr. Contreras explicó que esta decisión se tomó para abordar la complejidad de los trastornos psiquiátricos que rara vez se manifiestan de manera aislada. La depresión, por ejemplo, a menudo coexiste con ansiedad, pensamientos obsesivos o intensos sentimientos de culpa. Para lograr un efecto terapéutico integral, era necesario intervenir múltiples circuitos neuronales de manera simultánea, no solo los principales.

Este procedimiento se guió por una técnica avanzada de neuroimagen llamada “conectómica” que permite visualizar en tres dimensiones las principales vías de conexión del cerebro, como si fueran la red de carreteras de una ciudad.

Esta “huella digital cerebral” única de cada paciente asegura una colocación de los electrodos con una precisión milimétrica, maximizando así la efectividad de la neuromodulación.

Aunque la Estimulación Cerebral Profunda para la depresión es un procedimiento aún poco común a nivel global, el caso del HIC marca un precedente prometedor en la neurociencia del país.

Un renacer: la vida vuelve a encenderse

Los resultados no se hicieron esperar. Apenas una semana después de la cirugía, Lorena comenzó a sentir cambios asombrosos. Las pequeñas luces que se habían apagado en su vida, una a una, se volvieron a encender.

“A mí ya se me había quitado el tema de querer ir a un centro comercial, de salir, de comer helado. Eso me volvió rapidísimo. Quise arreglarme, maquillarme, cosa que había olvidado”, relató Lorena con una emoción palpable. Sus palabras, cargadas de una esperanza que parecía perdida, resumen la magnitud de esta intervención: “Es como volver a nacer, volver a conocer muchas cosas de mí. Fue un ‘pare’ para reconstruirme”.

El Dr. Contreras aseguró que este procedimiento “mejora mucho la calidad de vida” del paciente y que permite que “vuelva a trabajar, que tenga menos frecuencia de las crisis de anhedonia”. Para Lorena, la cirugía no solo significó el fin de un largo calvario, sino el inicio de una nueva vida.

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