La calidad de un país es la calidad de su gente. Por eso se necesitan periodistas con cualidades muy especiales:
Que sean hombres de paz y que detesten la guerra. No necesitamos más corresponsales de guerra, necesitamos corresponsales de paz.
Que no se comprometan con ningún bando sino que más bien sean puente entre los bandos. Cuando se habla de un medio se habla de la equidistancia entre los extremos, cuando se habla de un medio de comunicación también de ser el puente entre las diferencias.
Que muestren la horrible verdad de la guerra con decencia, con delicadeza, pero con fortaleza.
Que no valoren la estadística y las cifras más que a las víctimas. Los periodistas tienen que entender que los que mueren son hijos, hermanos, novios y que también aman y sueñan, no importa el bando.
Que no pierdan el sentido de lo esencial por perseguir una chiva.
Que no se crean el cuento de humanizar la guerra porque la guerra SIEMPRE, en todo tiempo, lugar y circunstancia es inhumana.
Que sepan aguantar el miedo y denunciar las amenazas.
Que pongan la razón a trabajar con la emoción, o sea que tengan el corazón en la cabeza. Que no paren de pensar y tampoco de emocionarse.
Que no se dejen manipular ni que manipulen.
Que sean íntegros, entregados a las nobles causas del entendimiento, el perdón, el respeto.
Periodistas de una profunda vida interior que les permita vivir la guerra que no quieren con inteligencia, sosiego, prudencia, control.
Se necesitan periodistas superhombres, no sirven los pusilánimes y acobardados.
Hombres que pongan el pecho por un país justo, equitativo, tolerante y pacífico.
Periodistas que no atropellen a las víctimas en su dolor íntimo con los micrófonos y cámaras.
Que no pongan a disposición de los delincuentes los medios de comunicación.
Que no vendan la publicación o no publicación de las noticias, es decir, que no sean notitraficantes.
Que no utilicen el cuerpo femenino como gancho para dar noticias.
Que no sean morbosos ni con el sexo, ni con el chisme, ni con el dolor, ni con la violencia, ni con la religión, ni con el ser humano.
Se requieren periodistas que no hagan de la noticia un show ni que actúen como jueces.
Periodistas estudiosos, buenos lectores, analíticos, que sepan orientar a la opinión.
El mundo necesita periodistas intachables en su vida personal, social, espiritual, intelectual.
Hombres que pueden equivocarse en sus acciones, como hombres, pero jamás en sus intenciones.
Que sepan reconocer el error y resarcir el mal causado por el error.
Se necesitan periodistas excelentes, no sirven los sólo buenos y menos los mediocres.
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