La Universidad Pontificia Bolivariana se apresta a celebrar sus primeros 75 años, consolidada como una de las instituciones académicas más importantes del país. Por eso es desafortunada la crisis en su Facultad fundadora, la de Derecho. Es lamentable la salida de la decana, los términos en que ella se da, así como la división que puede entreverse en la respetada Facultad.
No aciertan quienes censuran a la Universidad por reivindicar la enseñanza de la doctrina católica, que está en su misma base fundacional. Pero tampoco aciertan quienes buscan una docencia monolítica y doctrinariamente cerrada, como parecen quererlo ciertos profesores poco sintonizados con el mundo contemporáneo. Quienes queremos a la Bolivariana esperamos que las cosas mejoren y la celebración sea como lo merece ese centro, de tan justo y merecido prestigio.
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