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HISTÓRICO
DE NUESTRO LADO
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Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 13 de junio de 2012

El llamado a los policías se respondió sin vacilaciones. En el barrio de invasión La Esperanza en el municipio de La Montañita en Caquetá, Martha Yadira Tapiero, de dieciocho años de edad, había tenido complicaciones para dar a luz a su hijo, bajo los cuidados de una partera local. Los policías despachados la recogieron en grave estado en la única patrulla con que contaba la estación más cercana.

Martha Yadira, su madre y su partera subieron a la camioneta con el afán que las circunstancias exigían.

José Edwin se llamaría el bebé de Martha Yadira, pero el pasado 3 de junio, cuando dos policías se disponían a llevarla de urgencias a un centro de salud donde atenderían su parto, ráfagas de fusil impactaron el vehículo donde la transportaban. Los dos hombres de la Fuerza Pública cayeron, al igual que la partera. La madre de Martha Yadira escapó con dos impactos de bala en su espalda, su hija yacía inconsciente en el carro, también herida. Desde una casa vecina, agazapados, guerrilleros de las Farc disparaban desde su cobarde escondite. Lo hicieron por casi una hora contra una patrulla agujereada, llena de muertos.

Martha Yadira sobrevivió al ataque, al igual que su madre, pero los policías y la partera murieron. Su hijo José Edwin tampoco sobrevivió el trauma sufrido por su madre. Él y Guillermo Avendaño , otro niño que se escondía en una casa cercana de la balacera, fueron las otras víctimas del infame hecho.

Insistir en el carácter asesino de las Farc se ha convertido en un triste lugar común. Pero lo importante no puede dejar de decirse, ni siquiera cuando se ha vuelto repetitivo. Tampoco es ocioso recordar, por ejemplo, que la guerrilla se ha ensañado contra mujeres y niños cuando recluta menores para nutrir su banda de criminales, y cuando obliga a abortar a las mujeres en sus filas, luego de haberlas obligado a servir de compañeras sexuales de sus cabecillas, como lo demuestran los desgarradores testimonios de cientos de guerrilleras desmovilizadas, que escaparon para salvar la vida de sus hijos.

Los agentes de policía realizaron ese día una acción que es bastante común dentro de la Fuerza Pública colombiana, pero no por eso menos noble, el Ejército también cuenta con protocolos de acción a la hora de brindar atención y movilizar personas con riesgos de salud en situaciones delicadas.

Al fin de cuentas, la Policía Nacional y el Ejército están para servirnos, para protegernos. Bien demuestra este episodio de qué lado andan las Farc.