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HISTÓRICO
DESCONECTADOS
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    DESCONECTADOS |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 15 de mayo de 2013

Nadie discute la importancia de la academia en los debates sobre problemas públicos de una sociedad. Pero en ocasiones, la desconexión entre academia y realidad puede ser tal que lo que se habla en las universidades resulta inapropiado o inocente para atender los problemas ciudadanos.

En muchas ocasiones los gobiernos y las sociedades parecen probar con recetas fallidas antes de dar con alguna que les reporte algún tipo de resultado positivo. Justamente, es en el abanico de recetas, lo que podemos llamar "alternativas de solución", en donde juegan un papel fundamental los aportes que se dan desde la academia.

Recientemente, pude asistir a un encuentro de expertos sobre economía criminal en Medellín. La mayoría de la audiencia pertenecía a la academia, pero algunos funcionarios de la administración local también asistieron. Lastimosamente, las ponencias fueron una seguidilla de análisis inocentes sobre realidades ajenas. Sí, algunos de los participantes eran extranjeros, pero incluso un mexicano parecía estudiar las realidades políticas de Monterrey como si se tratara de una municipalidad en un fiordo noruego.

Al finalizar el foro hablé con uno de los funcionarios del gobierno de Medellín que asistió al evento. Se lamentaba que la mayoría de los académicos que estudian el tema de seguridad parecen hablar desde Suiza y luego, a la hora de las discusiones sobre sus propuestas, se quedan estancados en la validez de los modelos econométricos de sus investigaciones.

Los frustrados funcionarios públicos solo pueden retorcerse en sus sillas, mientras intentan encontrar alguna pista sobre cómo aplicar las desconectadas propuestas teóricas de los académicos en el diseño de sus intervenciones y políticas.

Y todo esto va a que mientras compartía con la tropa de académicos en el foro, tomábamos tinto y discutíamos sobre bases de datos, unas sesenta familias eran desplazadas del barrio La Loma por las amenazas de un grupo armado que buscaba castigarlos luego de la muerte de algunos de sus integrantes a manos de una banda enemiga.

La administración municipal, debatiéndose entre lo que tiene y lo que puede hacer, entre lo que sabe y lo que tiene que suponer, terminó abdicando y ayudando a trastear a los desplazados. De pronto en ese momento, un consejo realista o un estudio juicioso desde la academia hubiera podido darle mejores opciones al funcionario que tomó esa decisión; lástima que la realidad sea tan difícil de poner en un modelo econométrico.