<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
HISTÓRICO
DESPENALIZACIÓN Y VIOLENCIA
  • SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
    SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 18 de abril de 2012

Demasiada controversia ha generado la discusión de replantear la guerra contra las drogas. Particularmente, respecto de la posibilidad de despenalizar o legalizar algunas sustancias.

Quienes defienden esta idea sostienen que el narcotráfico es el principal motor financiero de las mafias y terroristas y que quitarles el multimillonario negocio reduciría la violencia asociada a esta actividad.

Quienes atacan la solución en nombre de la despenalización o legalización se muestran preocupados por las consecuencias en términos de salud pública y cohesión social que un aumento en el consumo podría traer. También son escépticos sobre el final del problema de la violencia, teniendo en cuenta la capacidad de diversificación con la que cuentan los criminales.

El problema es que ambas posiciones se equivocan un poco, aunque también tengan algo de razón. En efecto, las verdaderas consecuencias de una hipotética despenalización en bloque de algunas drogas, como parece ser la discusión por estos días, plantea muchísimos interrogantes.

El primero es ¿Qué vamos a despenalizar o a legalizar? ¿La marihuana, la cocaína, la heroína o las drogas sintéticas? El mayor consenso político y social existe alrededor de hacerlo con la marihuana. Sin embargo, el problema del comercio ilegal de drogas, particularmente el de la violencia que produce, tiene muy poco que ver con esta yerba y todo que ver con la cocaína. No existe ni un atisbo de aceptación social o política frente a la legalización de las drogas "duras" que son las que producen Colombia, Perú y Bolivia, hacen su tránsito por Centro América y México y son consumidas en gran cantidad en Estados Unidos.

La cocaína es la principal culpable de la violencia asociada al narcotráfico, pero es prácticamente imposible que su consumo sea despenalizado en el futuro cercano.

El problema es creer que la despenalización o la legalización son una fórmula mágica que nos quitará de encima el problema del narcotráfico y, con suerte, el de la violencia.

Las mafias son un problema de aplicación de la ley y debilidad estatal, no dependen de una actividad ilícita específica. Los colombianos deberíamos saber esto muy bien, cuando nuestros criminales son tan buenos encontrando nuevos negocios con tanta rapidez.

Por supuesto, todo lo anterior no quiere decir que abordar la discusión de la despenalización sea inútil, mucho menos que la estrategia contra las drogas no necesite ser revisada.

Pero falta prudencia y perspectiva en este debate, pues ante temas serios, ambos son bien valiosos.