Se acabó el paro cafetero pero el problema sigue vivo. Los problemas estructurales no se abordaron en esta discusión que resuelve la crisis por un año. Pero no garantiza la sostenibilidad a largo plazo de un sector fundamental de la economía que garantiza bienestar social en 600 municipios y en regiones críticas de nuestro país como el Cauca, Huila y Tolima.
Los grandes perdedores con el paro son el presidente Juan Manuel Santos y la Federación de Cafeteros. Al primero, el gremio de "su corazón" casi lo tumba y le paralizó el país más de una semana y a la Federación le ganaron la lucha por la legitimidad. La Federación, quedó claro, no representa al gremio cafetero, no tiene credibilidad con ellos y su falta de transparencia en el gasto, en la burocracia y en las inversiones acabó con su prestigio de décadas.
Los colombianos le giraron un merecido cheque de 800 mil millones a los cafeteros. La pregunta ahora es, ¿qué pasa el próximo año? Se resolvió la coyuntura pero el trabajo apenas comienza. Vamos a ver si Santos es capaz de romper amarras y hacer la reforma de la Federación y de la industria que esta necesita para sobrevivir o, como nos tiene acostumbrados, hace cambios cosméticos y anuncios que no se cumplen y deja la solución estructural para más adelante.
Hay que arrancar por una rendición de cuentas. La Federación quebró más de cien empresas. Qué pasó con Bancafé, con Aces, con Concasa, con la Corporación Financiera de Caldas y con Agrícola de Seguros, para solo mencionar algunas de las empresas más significativas. El fracaso financiero y administrativo de las tiendas Juan Valdez, ¿a qué se debe? ¿Es salvable? Sin quedarse atrás solo con el espejo retrovisor, algo de lo que Santos sabe mucho, hay que aprender de los errores. Además, los cafeteros y el país merecen, necesitan y exigen cuentas claras.
Ya el café no pesa en el PIB lo que pesaba antes en la economía nacional, luego la Federación no necesita tener ministros en su junta. Y la cabeza no debe ser de una terna que envía el Presidente. El gremio debe ser de los cafeteros. Ante un mercado de café abierto como el de hoy, la Federación no debe tener el monopolio de asistencia y de la exportación, sino que debe competir con las cooperativas y asociaciones que pueden hacerlo mejor.
La Federación debe dedicarse a la investigación, a diseñar valor agregado y dejar que los cafeteros hagan lo que saben hacer: cultivar el mejor café del mundo y venderlo.
La Federación, no la de hoy que o cambia o muere, debe ayudar al exportador a hacer negocios, reducir el costo de transacción y convertirse sobre la base del servicio y no del monopolio en el agente de cambio, de crecimiento, de eficiencia y calidad en este producto bandera de nuestro país.
El papel del gobierno debe cambiar. Tasas de crédito subsidiadas hasta que empiece la cosecha y un subsidio a cobertura cambiaria y de precio del grano en el mercado internacional es urgente. Se debe acabar el estímulo a la importación de café con un gran programa de estímulo al consumo interno incluyendo este producto, con leche obviamente, en los programas de asistencia alimentaria del ICBF. Los insumos, el doble en precio que en los países vecinos, deben tener precios internacionales. No hay que tener miedo a abrir las importaciones sin arancel o sancionar duramente a las grandes multinacionales si hay cartelización.
El café le dio mucho a Colombia. El país empieza a devolverle algo con este subsidio que sacaron a la fuerza los sufridos cafeteros de Colombia, que ante la sordera del gobierno y el maltrato del ministro de Agricultura se rebelaron finalmente. Pero todos sabemos que no es sostenible. Vamos a ver si Santos, por fin, deja de pensar en los cocteles y las fiestas, se arremanga y deja este problema resuelto. Ojalá nos sorprenda por una sola vez.
@pachosantosc
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