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HISTÓRICO
El diccionario no se olvida
POR MÓNICA QUINTERO RESTREPO | Publicado el 29 de octubre de 2012
Podría ser asimismo o así mismo o descubrir, sumando las palabras, qué termina siendo hermenéutica fenomenológica. Podría, además, simplemente abrirlo para estar seguro de que hormiga sí lleva h.

En todo caso, el diccionario es ese libro donde están las palabras y su significado y otros detalles varios de la etimología como que mamá es una adaptación del francés maman.

La RAE publicó hace días un tuit con las cifras de consultas a su diccionario en línea. El número indica que el Diccionario de la lengua española se consultó en septiembre 38.169.354 veces (número de accesos por página) y que los países más activos son México, Argentina y España. El cuarto lugar es para Colombia.

En una encuesta que realizó El Colombiano en Medellín, la consulta del diccionario (en internet o físico) no es tan frecuente como el puesto del país en la RAE. El 18.8 por ciento dice sí, el 56.2 algunas veces y el 24.9 nunca.

Sin embargo, varios académicos coinciden en que cada vez el uso del diccionario es más frecuente y se utiliza por diferentes razones.

"Yo creo que sí lo consultamos, así sea un vejestorio. La preocupación por escribir bien existe en Colombia y quizá es más marcado que en otros países", expresa Fernando Ávila , delegado para Colombia de la Fundación para el Español Urgente (Fundeu).

Una de las razones más frecuentes es la búsqueda de significados. En la encuesta, el 54 por ciento lo eligió así y, muy de cerca, revisar ortografía: 48.1. Sin embargo, las posibilidades son más. Sonia López , magíster en Lingüística y profesora de la Universidad Eafit, expresa que se recurre al diccionario "porque estamos cansados con la misma estructura lingüística. Cuando eso pasa hay una monotonía y la gente intenta inventar otras estructuras y para eso se vale del diccionario como primera herramienta".

Por supuesto, eso es en doble sentido. "Se recurre al diccionario porque la base lingüal nuestra es muy deficiente", dice José Guillermo Ánjel, profesor de la UPB.

El diccionario permite aumentar el vocabulario y tener más posibilidades de expresarse a la hora de una conversación o un escrito y, a la vez, ello es necesario para afectar la estructura.

Si los escritores o las nuevas generaciones quieren escribir distinto, necesitan el diccionario. Saber qué términos hay, qué significan, qué usos diferentes puede tener una sola palabra y cómo, entonces, proponer otras ideas.

Muchas consultas
La tecnología ha ayudado a acercarse al voluminoso texto de definiciones. Ese libro gordo ya no lo es tanto cuando la búsqueda es en automático y no hay que irse de la a a la zeta. Internet ha hecho un diccionario más dinámico y divertido, con hipervínculos que hacen que una sola palabra lleve a otras o a posibilidades más concretas como saber cómo se conjuga un verbo.

Además, le hace juego a los cambios de la lengua. No hay que esperar una nueva edición para saber si se puede escribir estand, en lugar de su voz inglesa stand.

La Real Academia Española indica en su página web (www.rae.es), que desde su aparición en 2001, la vigésima segunda edición impresa, que es la última, se ha actualizado cinco veces y que, en total, se han hecho 1.697 cambios.

"La Academia -comenta Ávila- sacaba solamente la edición grande de lujo, que era costosísima y no todo el mundo tenía acceso a ella y quienes podían comprarla, incluso, casi ni la tocaban porque era un libro intimidante. Después empezó a sacar ediciones que daban menos miedo, pero ya en la web todo el mundo tiene acceso". Es, entonces, más incluyente.

Hay un uso más del que habla la magíster en lingüística y es confrontar, en el aprendizaje de una segunda lengua, la raíz en español, para después escribirla en inglés. "Hay un interés de los jóvenes por las raíces latinas y eso lo encuentran en el diccionario".

También, las nuevas tecnologías, aunque a veces no parece, implican el reto de escribir mejor y de hacerse entender. Twitter implica escribir más preciso, sin muchas explicaciones.

"Hay que interesarse -anota Ánjel- porque cada vez empiezan a rodar temas que tienen que ver con ciencia, economía, y lo que era un mercado persa, se está especializando. Hay gente de esa cultura metiéndose en las redes y eso va purificando el lenguaje".

Un diccionario es esa posibilidad de encontrarse con las palabras y, por tanto, de poder decir lo que hay en la cabeza. Es quizá saber, como dice Ávila, que no se las sabe todas, que la lengua cambia, que todos los días se aprende. Va el ejemplo del profesor de la UPB: "Si yo me fuera a una isla desierta no me llevaría ni El Quijote, ni la biblia. Me llevaría el diccionario porque me permite reconstruir el mundo. Busco la palabra, qué es una puerta, qué es un piso, qué es una ventana, y termino haciendo una casa".