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HISTÓRICO
EL GOBIERNO DE LAS ESMERALDAS
  • EL GOBIERNO DE LAS ESMERALDAS |
    EL GOBIERNO DE LAS ESMERALDAS |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 27 de noviembre de 2013

La semana pasada la Fiscalía capturó a Pedro Nel Rincón (más conocido como "Pedro Orejas"), empresario esmeraldero, mímesis del fallecido Víctor Carranza y aparentemente involucrado en actividades delictivas como el tráfico de armas. Sobre los hombros lo cargaron los agentes del CTI, sacándolo de su finca en el occidente de Boyacá, pues el esmeraldero se encontraba aún convaleciente luego de sufrir heridas en un atentado contra su vida un par de semanas atrás.

Ahora que "Pedro Orejas" va a la cárcel, parece que el Estado central se apura por evitar una nueva guerra. En efecto, el gobierno solo busca administrar el caos mientras los mismos esmeralderos usan sus reglas informales para solucionar el conflicto o recurren a la violencia, desatando otra temida "guerra verde".

Y mientras tanto, los funcionarios hablan de evitar un enfrentamiento armado como si estuvieran arbitrando una tensión comercial entre dos comerciantes de barrio. El Estado se ha vuelto un espectador más, un "tercero imparcial" que pasa de agache, mientras los verdaderos poderes regionales se disputan, conquistan y defienden sus fortines locales con dinero y violencia.

El filósofo Jorge Giraldo ha denominado esto como la "descarga" que el gobierno central hace del Estado sobre los poderes locales en ciertas regiones del país. Giraldo habla principalmente de la zona minera del Bajo Cauca antioqueño, pero la categoría se puede extender sin mucha dificultad a otros lugares del país en donde la centralidad ha preferido encargar a las fuerzas locales -legales o ilegales- para que se ocupen del gobierno.

Así, la incapacidad, real o fingida, para ejercer control sobre el territorio y las instituciones, los lleva al encogimiento de hombros más perjudicial de la historia colombiana: la renuncia del Estado central a funcionar en las periferias.

De esta forma se configuran lo que el sociólogo Fabio Velásquez llama "autoritarismos locales"; poderes políticos y económicos que cooptan los escenarios de decisión de municipios y regiones enteras en Colombia. Viejos gamonales y familias políticas que, comúnmente aliadas con actores armados, se apoderan de cargos públicos y de elección, destierran o acallan a cualquier oposición y luego establecen estructuras clientelistas y corruptas encargadas de garantizar su permanencia, mientras saquean los recursos públicos.

El Estado colombiano debe dejar de pretender que "descargar" sus responsabilidades en particulares es gobernar. Sin una determinación clara por extender la presencia integral del Estado a todos los rincones del territorio -sobre todo a los que escupen esmeraldas, oro o coca- las perspectivas de alcanzar escenarios de seguridad real en las regiones son tan difusas como un discurso dictado desde la mesa de negociaciones de La Habana.