Los gobiernos de las potencias mundiales ya se idearon una iniciativa en bloque para acercar a gobernantes y gobernados, tal vez inspirados por las manifestaciones populares de los últimos tiempos en Europa y los países árabes.
Se trata de una estrategia que permitiría disminuir los niveles de corrupción mundial, una necesidad que sembró el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el año pasado ante Naciones Unidas.
Su propuesta consistía en que los países participantes establecieran compromisos tangibles para promocionar la transparencia y luchar contra la corrupción en el mundo.
El programa, llamado la Sociedad de Gobierno Abierto, (OPG por su sigla en inglés) germinó ayer en Washington. La secretaria de Estado de E. U., Hillary Clinton, y el canciller brasileño Antonio Patriota, presentaron la iniciativa en la sede del Departamento de Estado del país del norte, ante representantes de 60 países y 60 organizaciones no gubernamentales.
Pero no será hasta septiembre cuando el mundo conozca los pormenores de este proyecto, pues se lanzará en el marco de la Asamblea General de la ONU, bajo la dirección de Brasil y E.U., quienes lo dirigirán durante el primer año.
"La participación en la OGP es voluntaria, aunque sí habrá unos estándares mínimos que habrá que cumplir para adherirse a la iniciativa", precisó Patriota durante el acto.
Pero, ¿cuáles son los verdaderos alcances de esta iniciativa multilateral?
Luis Guillermo Patiño, director de la maestría de Ciencias Políticas Universidad Pontificia Bolivariana, se mostró cauteloso frente al tema debido a que, con frecuencia, estos programas son inoperantes y se convierten en meros organismos burocráticos.
"El esfuerzo mayor debe ser de los estados y los ciudadanos aunque, si existe un verdadero compromiso, la sociedad podría generar presión mundial sobre países poco comprometidos en la materia", explicó.
No obstante, el experto planteó que la ejecución de esta propuesta permitiría, en caso de vincular a varias naciones, someter firmas de tratados entre países, obtener ayudas humanitarias y generar inversión en las naciones más afectados por la corrupción.
Y es que países como Venezuela, Paraguay y Honduras obtuvieron en 2010 calificaciones inferiores a 2.5 (en una escala de 1 a 10) en el ranking de 178 países que anualmente hace la organización Transparency International para medir el índice de percepción de corrupción.
En dicho listado Colombia ocupa el lugar 78, con una calificación de 3.5, que no ha sido superada durante cerca de 12 años.
Queda claro, entonces, que a las apuestas mundiales se sumará la transparencia, lo que algunos analistas ven como un avance, cuando el mundo se ha ocupado de asuntos bélicos que no aseguran el crecimiento de las naciones.
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