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EL PÁRAMO QUE ESTORBA: SANTURBÁN

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15 de septiembre de 2013
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¿Para qué necesitamos tanto páramo? Los ambientalistas son unos alarmistas: ¡aquí lo que hay es agua… Es hora de dejar tanta turba verde y gozar del oro: a explotar, a explotar, que la tierra nos tiene que dar…

Richard Aguilar quiere explotar; encontró su mina de oro y no va a dejar que nadie o nada se le atraviese. Aguilar es el joven gobernador de Santander, hijo de su padre (el retirado coronel de la Policía con lazos paramilitares), que le escribe al Presidente para que el ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible proteja poco y él pueda vivir el sueño dorado.

Recordarán que hace varios meses Santurbán fue noticia. Se trata de un páramo en territorio de los Santanderes que, dicen, es una mina de oro. La compañía GreyStar Resources saltó a la fama en Colombia y vendió, con agresiva propaganda, todo lo bonito que traería la explotación. Algunos ambientalistas –escasos en nuestro país– se opusieron y muchos bumangueses marcharon. La turba revoloteaba por Santurbán.

Hoy, el páramo vuelve al centro del debate. El trabajo técnico de delimitación que hizo el Instituto Humboldt al parecer concluyó recientemente; ahora el ministerio de Ambiente debe definir legalmente los límites de la zona protegida. Todo lo que quede designado como páramo no podrá ser objeto de explotación; el resto es campo abierto para los mineros.

GreyStar desapareció o mejor se escondió y mutó; ahora aparece como Eco Oro –asumo que es una broma pesada que hace alusión a un oro ecológico-. Eco Oro y otras mineras se quejan del tiempo que pasa y del oro que no sacan.

Y este es el meollo: el Gobierno otorgó títulos mineros sin ninguna consideración por la protección ambiental, antes de que el mismo Gobierno estableciera cuál iba a ser la zona protegida. Convenientemente, el sueño minero se tuvo antes de la pesadilla ambiental.

La obligación de delimitar el páramo se deriva de lo establecido en el Plan Nacional de Desarrollo, que busca tranzar lo irreconciliable: la protección ambiental con la locomotora minera. El resultado, hasta el momento, tiene poco de verde y mucho de chu-chu.

El presidente Santos se refiere genialmente a esa tensión: "Tenemos un compromiso férreo con la delimitación de todos los páramos del país…". ¿Compromiso férreo o un ferroviario delirio hacia lo que él denomina fábricas naturales de recursos?

Pero, volvamos a nuestro gobernador, muy joven y muy majo. Aguilar aboga por una delimitación del páramo a la medida del parque natural (declarado al inicio de 2013 y que cubre aproximadamente 11.700 hectáreas): el parque pa’l ambiente y el resto para el sueño dorado. La diferencia de área entre el parque natural y el territorio de páramo que debe ser protegido asciende a la bobadita de 130.000 hectáreas.

Aguilar está listo para todo. Dice en su carta a Santos (de junio de 2013) que la delimitación del páramo está generando "un estado de incertidumbre y desestabilización de la economía"; manifiesta que "por la existencia de áreas protegidas" pueden aparecer bandas criminales, se alteraría la tranquilidad y se generaría desplazamiento. Concluye el gobernador que lo mejor es hacer coincidir la zona protegida con la (chiquita) del parque. Además, como prevé que la explotación generará daño, propone un plan de mitigación de los impactos sociales y económicos.

Es hora de decidir: ¿delirio dorado o desangre ambiental?

@mreedhurtado.

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