HISTÓRICO
El Principito 70 años lejos del asteroide B612
Por MÓNICA QUINTERO ESTREPO | Publicado el 05 de abril de 2013

Tal vez el pequeño Príncipe le presentó la oveja a la flor y se domesticaron los tres. Tal vez la oveja no creció y siguió siendo perfecta para la caja que el aviador le dibujó, aunque fuera malo para el dibujo porque le quitaron todas las intenciones cuando tenía seis años. Tal vez se hicieron amigos y la crespa esa le ayuda al Príncipe a remojarla.

Porque después de esa vez que el niño de cabellos de oro “cayó dulcemente, como cae un árbol”, no se ha vuelto a ver, aunque la historia se ha leído en el mundo completo.

Es posible que El principito no haya crecido, pese a que han pasado 70 años desde esa primera vez que se hizo libro. Que se publicó. Era martes. También 6 de abril. Año 1943. Antoine de Saint-Exupéry, el piloto de guerra y escritor, vivía en Nueva York. Esa fue la primera ciudad del pequeño Príncipe.

En ese entonces no fue tan bien recibido. Muchos esperaban una declaración sobre la guerra y en cambio llegó el cuento. Muchos quedaron decepcionados y cuando se murió Antoine, un año después (1944), cuando viajaba en su avión para hacer una nueva misión y no regresó jamás, no tenía el éxito apabullante que alcanzó. Que tiene todavía.

“El Principito es un libro que sigue vigente por la temática que trata. Su contenido filosófico y social es aplicable a la sociedad. Se puede trabajar con públicos de diferentes edades”, explica Natalia Duque, líder de proyecto de la Fundación Taller de letras Jordi Sierra i Fabra.

Lo leen niños y lo releen grandes. Se le mira y analiza desde diferentes posibilidades. “Es un libro que tiene diferentes momentos y varias lecturas. Cuando niña lo leí como un cuento de un personaje y después más grande me encontré con otras sorpresas y otros significados”, dice Ana María Jaramillo, especialista en literatura.

Un personaje que enamora, que ha saltado del libro a los cómics, a la televisión, a las imágenes, a los botones para llevar, a los collares, a las pulseras, a un mundo de posibilidades. A más libros. Al pensamiento.

“Es una herramienta para buscar un pensamiento crítico -, señala César Cano, promotor de lectura de la fundación Ratón de biblioteca- y mostrar esto de las relaciones sociales, de la pregunta de para qué estar vivos, del estar en una sociedad”.

Una historia que se lee una vez y no se olvida. “Creo que todos queríamos encontrar un zorro”, recuerda Marcela Cataño, una lectora. Poder ver una oveja en una cajita con huecos y encontrarla perfecta o ser capaces de ver que eso no es un sombrero sino un elefante en una boa.

El cuerpo del Principito no fue encontrado. Quizá está en su planeta. El de Saint-Exupéry tampoco. Quizá está donde el pequeño Príncipe, celebrando los 70.