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HISTÓRICO
EL “RAP” DE LAS FARC
  • SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
    SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 05 de septiembre de 2012

“Desafiante”, titularon algunos medios; “indignante”, oí decir a varias personas; pero en realidad el célebre video de las Farc que mezcla declaraciones de “Timochenko” con una desafinada canción “rapeada” por dos guerrilleros, no es la peligrosa o irrespetuosa pieza que algunos temen. Si acaso, es otra muestra de lo bajo que ha caído esta guerrilla y de sus debilidades e inseguridades internas ahora que se disponen a negociar su desmovilización.

En efecto, el video y la canción podrían ser un intento (bastante patético por cierto) de justificar internamente las negociaciones con el Gobierno. Algo así como una campaña de sensibilización apuntada a ganar el apoyo de los comandantes y los guerrilleros que no quieren dejar sus armas y sus negocios en una eventual desmovilización.

Es bastante conocido para los agentes del Estado que las Farc se encuentran en una difícil situación de división interna (la ejecución de alias “Grannobles” es solo la última muestra), por eso no resulta descabellado pensar que el más reciente esfuerzo musical del grupo terrorista busque convencer a la guerrillerada y a los jefes reticentes de los beneficios de “ir a negociar a La Habana”.

Por eso el tono de envalentonada infantil, incluyendo calificativos para el Presidente y el elogio de sus comandantes dados de baja. La canción busca decir “negociamos porque queremos, no porque nos toque”, con arrogancia y rencor, diga lo que diga “Timochenko”. Es una mentira, por supuesto, pero al fallido grupo guerrillero solo le quedan mentiras y bravuconadas para seguir vendiendo sus supuestas intenciones políticas y fortaleza militar perdidas.

El ‘rap’ de las Farc es un blanco demasiado fácil para burlas, pero también nos permite ver la tergiversada visión del mundo dentro de sus filas. A muchos nos dejó una mezcla de indignación y pena ajena, entre risa y rabia, pero es más una demostración patética de que a la guerrilla solo le importan las apariencias. Si mucho, la letra de la canción es una fanfarronada que los convierte en una parodia de sí mismos.

Al final, no es la supuestamente dura canción, llena de mensajes insurgentes y apologías peligrosas, que decían los medios y temían los colombianos, sino un intento infantil y desesperado de una guerrilla en decadencia por llamar la atención de un mundo y de un país que hace todo lo que puede por dejarla en su pasado.