De a poquitos fueron llegando a la plazoleta de la estación Niquía, y en un abrir y cerrar de ojos el lugar ya estaba lleno de jovencitos con yines entubados o chupines de todos los colores y tenis Converse con cordones igual de chillones.
Algunos también con enormes gafas plásticas, que en lugar de lentes tienen rendijas. Claramente no están hechas para ver sino para ser vistas.
Casi todos lucían elaborados peinados, de lado o con colitas, muy al estilo emo, pero sin nada que ver con ellos, "porque tienen fama de depresivos. Nosotros, en cambio, somos alegres y descomplicados, y no nos gustan las peleas", explicó 'Cariu', una chica de 15 años.
Se refiere, por supuesto, a los tecktoniks y floggers, como se hacen llamar las más recientes generaciones de tribus urbanas, quienes ayer, al igual que todos los domingos por la tarde, tenían una nueva cita por cumplir.
Esta vez no sólo para hablar de música o, en el caso de los floggers, para conocer a los amigos que contactan por sitios web como Fotolog, sino, ante todo, para bailar.
Cariu, o Carolina Isaza, es una de las organizadoras de este encuentro y está esperando, con algo de estrés adolescente, que lleguen los djs desde Sabaneta. "Vienen por la estación San Antonio", le avisan.
El sonido ya está instalado y solo falta que suene la música electrónica para que empiecen a demostrar quiénes son los más tesos en el baile de moda con las manos y los pies.
Los participantes, que pagaron 5 mil pesos por la inscripción, sobrepasan los 150. Vienen de Copacabana, Sabaneta, de todas partes, y serán calificados por seis jurados en dos categorías: principiantes y expertos.
"Los tecktoniks bailan con las manos y los pies, y los floggers solamente con los pies", explica Juan Felipe Peláez, 'Papo' para sus amigos. También dice que suelen aprender el baile por sí mismos, viendo a los amigos o videos de grupos famosos como SMDB. "Todo esto nació en Francia, en la discoteca Metrópolis", apunta 'Papo'.
Retumba la electrónica. Por fin llegaron los djs. Todos, chicos y chicas, forman un círculo y el primero de los participantes se lanza al ruedo. Comienza a mover sus manos hacia arriba, hacia los lados, se toca la cabeza y los pies tampoco paran de moverse.
"Los pelaos se portan bien. Vienen a exhibir su pinta y su baile", comenta Jorge Andrés Pastor, un policía que pasa por allí.
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