Sin llegar todavía a ser lo "último en guaracha", el sistema de transporte Transmilenio de Bogotá sí ha demostrado con creces que funciona bien y que ha solucionado en buena parte la caótica movilidad en la Capital.
Han sido los más pobres, pero no sólo ellos, los que se han beneficiado de los articulados y por eso resulta salvaje que algunos vándalos sigan cogiendo el sistema como carne de cañón. Los ataques de ayer, cuando fueron destruidos los ventanales de vidrio de 15 estaciones, no tiene presentación y exige la pronta captura y judicialización de los responsables. Ya está bueno de anarquías contra ese sistema de transporte. Es hora de redoblar la seguridad y evitar que tan malos ejemplos se propaguen a otras ciudades.
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