La polémica por atacar militarmente o no a Siria fue el tema que bajo la mesa se discutió ayer con fuerza en San Petersburgo (Rusia) en la primera jornada presidencial del G20, aunque a nivel oficial, se concluyó la ejecución de un plan que fomente el crecimiento económico y la creación de empleo de los países emergentes.
Por el lado de Rusia hubo satisfacción: "unánimemente todos se pronunciaron a favor de este plan de acción que fomente el crecimiento de la economía", dijo a AP Antón Siluánov, ministro de Finanzas ruso. El citado plan incluye un paquete de medidas para impulsar el crecimiento y reducir el desempleo, estimular la inversión y controlar la volatilidad del flujo de capitales.
Las intervenciones de los líderes también fueron sobre el empleo, la situación fiscal y el dinamismo económico que debe tener el mundo, pero al final de cada discurso presidencial, los mandatarios efectuaron conversaciones privadas sobre el caso sirio. "Aun no se sabe si habrá un pronunciamiento en conjunto sobre la decisión de atacar", explicó a este diario desde San Petersburgo, David Rojo, periodista español del diario La Razón.
Mientras tanto, el presidente de E.U., Barack Obama, siguió enfrentando la presión de los líderes del mundo que se muestran en contra de la acción militar contra Siria. Por ejemplo, la Unión Europea exhortó a que antes de cualquier acción militar los investigadores de la ONU informen rápido sobre los resultados del ataque químico en Damasco. El presidente de la UE, Herman van Rompuy, dijo que es "demasiado prematuro pensar en una respuesta militar, así E.U. y Francia así lo quieran".
La Casa Blanca informó que el presidente Obama se reunió con la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, para intentar resucitar la relación entre las dos mayores economías de las Américas tras denuncias de espionaje estadounidense. Sin embargo, no dieron a conocer sus avances ni sus detalles.
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