Colombia y Venezuela lucharon mancomunada y valientemente para alcanzar su libertad del yugo español, con una historia grandiosa, héroes comunes y actos heroicos imposibles de separar.
La relimitación de las fronteras con Venezuela fue muy complicada y problemática, quedó pendiente la relimitación de aguas marinas y submarinas en el golfo de Coquibacoa, llamado por ellos de Venezuela.
En 1965 se iniciaron conversaciones entre los dos países con grandes diferencias: en Colombia se toma con calma, con diferencia, los partidos políticos y los candidatos presidenciales no se manifiestan. En Venezuela, el silencio es estrategia negociadora. Se inventaron el término vital para ellos y secundario para nosotros, es tema permanente de los dos partidos políticos y para ajustar se han armado peligrosamente.
Insisten en conversaciones bilaterales, en 1990, en el Acta de San Pedro Alejandrino, los negociadores colombianos ingenuamente aceptaron agregar otras soluciones: problemas ambientales, a migraciones laborales, a diferencias sobre los ríos comunes, etc.
Los venezolanos de cuenta de ellos imponen: se aprueba en paquete o nada, luego visto bueno por las fuerzas armadas y finalmente sometimiento a un referéndum.
Dan caramelo a cada gobierno, al llegar el siguiente le aumentan la dosis y sigue el carrusel. Se parece mucho al juego de las Farc, si un gobierno los golpea duro se mimetizan, hacen política y esperan el otro para medirle el aceite, así llevamos 40 años con la guerrilla y 45 con el diferendo. ¡Qué estrategias tan parecidas!
Los negociadores colombianos son empresarios que piensan básicamente en su condición de industriales y comerciantes, sin experiencia. Véanse las consecuencias, como un bumerán vinieron nacionalizaciones y expropiaciones, destrucción del Pacto Andino el cual reventó hecho trizas.
Deben fijarse en Colombia Políticas de Estado, las cuales permitan una plantación total y no caben con la ideología y los caprichos de cada presidente. Una de estas políticas es la solución inmediata al diferendo, ya conocemos sus graves y múltiples consecuencias, también la agresividad contra los millones de colombianos residentes en Venezuela.
En el segundo período del presidente Uribe, el 9 de septiembre de 2007, en una visita del presidente Chávez a Hato Grande anunció "los tratos secretos del diferendo" (un inminente acuerdo limítrofe) y nueva tomada de pelo. Van treinta meses y como siempre, nada de nada.
Estamos a cuatro meses de elegir nuevo presidente, ni el canciller, ni el Presidente ni alguno de los candidatos presidenciables hablan del diferendo ni de su única solución.
Dirán: no es el momento por la actitud agresiva del presidente venezolano, permanezcamos callados para no agravar la situación. No, este es el momento oportuno, si no actuamos ya, Venezuela terminará imponiéndose a la fuerza, ya está armado hasta los dientes, lo ha demostrado varias veces.
Llegamos a considerar no competente a la Corte Internacional de Justicia en el litigio con Nicaragua, sin embargo la Corte no dejó duda a Nicaragua sobre la soberanía de Colombia en las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y se declaró competente para decidir que otros territorios son parte del archipiélago.
Después de todo el tiempo perdido sólo queda una solución: acudir a la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Sus fallos son de obligatorio cumplimiento. Podemos quedar tranquilos, como somos hermanos y amigos las cosas deben ser más claras. Venezuela no tendrá justificación para armarse.
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