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HISTÓRICO
ENCOGERSE DE HOMBROS ANTE LA NEGOCIACIÓN
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    ENCOGERSE DE HOMBROS ANTE LA NEGOCIACIÓN |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 29 de mayo de 2013

Luego del anuncio por parte del Gobierno Nacional y de las Farc del primer acuerdo de la agenda de negociación de La Habana, se ha discutido en radio, televisión, periódicos y cafeterías, las perspectivas reales de alcanzar la paz con este grupo.

El caso es que incluso más que el escepticismo, el sentimiento que parece rodear a los colombianos frente al proceso es el de la resignación. En efecto, las calles parecen contradecir el entusiasmo ciudadano que el Gobierno y las Farc quieren, y las encuestas desestiman la reticencia que la oposición uribista señala.

Supongo que la actitud de la mayoría de los colombianos (muchos de los cuales dicen apoyar el proceso cuando Ipsos o Gallup los llaman a las diez de la mañana de un miércoles) es de resignada y predeterminada ignorancia; asumen lo que pasa en La Habana como una necesidad incómoda, un trámite molesto, como ir al odontólogo. "Hay que hacerlo", le escucho a algún desprevenido; se encogen de hombros por puro cansancio. Se ilusionan por la posibilidad de despertar de esta pesadilla.

Me gustaría pensar que esta falta de entusiasmo, pero también de oposición, se explica -en parte- en que las Farc son una vergonzosa etapa de la historia que todos queremos dejar atrás y que, de alguna manera, esperamos que el proceso acabe con el problema. Queremos comer la salchicha sin saber cómo la hacen.

Por eso, tenemos preguntas fundamentales que parecen solo trasnochar a algunos columnistas y opositores del proceso, como: ¿Tienen las Farc alguna legitimidad para dictar las políticas de Estado? ¿Puede el país resistir un acuerdo con los grados de impunidad que se intuyen en el Marco Legal para la Paz? ¿Cuál será el papel del narcotráfico en una guerrilla desmovilizada y metida en política? ¿Estamos asumiendo el riesgo de que la mayoría de la estructura armada de las Farc se dedique exclusivamente al crimen organizado?

Ni alegría, ni tristeza; ni apoyo, ni oposición; por lo que veo, los colombianos solo nos encogemos de hombros frente al proceso de negociación.

Resulta esencial que recordemos que aunque incómodo, el proceso puede determinar aspectos muy importantes del futuro político del país. Los colombianos no nos podemos dar el lujo de ser apáticos de nuevo y mucho menos en este tema. Sí, del interés, tanto en oposición y crítica, como en apoyo y entusiasmo que despleguemos, dependerá el carácter del acuerdo que se alcance al final y sus beneficios para Colombia.