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Eulalia y Andrés caminan detrás de las orquídeas

En su gusto por buscar orquídeas, Eulalia Piedrahíta y Andrés Posada hallaron una que se creía extinta. La Dracula Carcinopsis.

12 de octubre de 2013
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Cuando Eulalia Piedrahita y Andrés Posada se encontraron de frente con Dracula, ¡esos largos colmillos…, por supuesto que se estremecieron.

El claroscuro del bosque húmedo, el frío intenso por momentos, la neblina en otros... no podía haber un ambiente más apropiado para toparse con ese ser extraño, ese ser al cual creían muerto, desaparecido desde hacía tantos años.

No podían creer que ante sus ojos estuviera esa orquídea, la Dracula Carcinopsis, que los conocedores han extrañado por casi treinta años en los montes colombianos. Nadie la había vuelto a ver o, si alguien la ha visto, no ha registrado su hallazgo. Puede existir en viveros artificiales, como en uno de El Retiro que ellos conocen, pero en su hábitat, de eso sí que no se tenía noticia.

Ellos, que no son dados a extraer plantas del bosque para que no sufran en otra parte, estuvieron tentados a traerla con ellos —con ellos dos y Fiona, su perra amiga que acompaña sus días y no falta en sus expediciones—.

Tal vez resulte conveniente sacarla del parque Natural Nacional Tatamá, situado entre Risaralda y Chocó —reflexionaban—, en vista de que el paraje en el que se encuentra está cercano a los potreros que han ido ganando los campesinos de Pueblo Rico, Risaralda, es decir, está en riesgo de ser destruido en algún tiempo, vaya uno a saber cuánto.

Pero la experiencia les indicaba que sacarla de allí, de ese bosque primario, donde tiene la sombra de árboles inmensos, los abuelos del mundo, donde no recibe luz directa del Sol y en el lugar que cuenta con la humedad y la fría temperatura de esta zona, significaría la muerte de la Dracula. O por lo menos la enfermedad y el tedio:

"Las orquídeas —dice Eulalia, ya sentada al lado de Andrés, en su casa de Medellín, relatando esta experiencia— puede que no se te mueran en tu vivienda o en tu finca, pero no te florecen o no lo hacen con la frecuencia de las que viven en el monte".

La dejaron en su sitio.

Expediciones botánicas
Ellos son buscadores de orquídeas. Se internan en montes y selvas, de fácil o difícil acceso, para encontrarse con esos seres que se robaron su atención desde hace tiempos.

Cuatro años van desde que, con el pretexto de "descubrir" orquídeas, solo por saber que ahí están, por registrar su existencia y contárselo al mundo, pero no para tomarlas de su hábitat, decidieron unir sus pasatiempos: caminar, el de ella; la fotografía, el de él.

De la Dracula Carcinopsis que hallaron hace días, por ejemplo, ellos cuentan en su página de Facebook el área donde la vieron, Parque Natural Tatamá, pero no dan las coordenadas. Estas las suministran nada más a las sociedades científicas, con fines de investigación.

Dan con esto un mensaje de protección de la Naturaleza y dicen explícitamente:

"Del mismo modo que existen los guaqueros, que buscan entierros, están los ‘materos’, que buscan plantas y van a los montes y deterioran el equilibrio de los ecosistemas. Y por esa planta que avistamos, cualquier coleccionista de orquídeas es capaz de dar un millón o un millón y medio de pesos, de modo que el dinero motivaría a los ‘materos’", explica Andrés.

Ella había hecho parte de un club de caminantes que se fue dejando. Él, un fotógrafo de la Naturaleza, había querido caminar también así, de esa manera cercana a la aventura. Hasta comenzaron a salir por caminos cercanos a su casa en Medellín.

Lo de las orquídeas como razón arbitraria de sus caminadas y fotografías comenzó días después por casualidad. Iban caminando por el Alto de Las Palmas cuando, en un montecito cercano a la vía, de fácil acceso, "nos encontramos nuestra primera orquídea —recuerda Andrés—: ese fue el detonante de todo esto".

"¿Te refieres a esa Odontoglossum verde?", pregunta ella, con esa claridad que delata que el primer amor de una orquídea jamás se olvida. Les despertó el interés por estas plantas y decidieron seguir buscándolas.

No en todas las ocasiones las de ellos son expediciones a parques naturales, a selvas y a páramos —ah, los páramos que aman tanto. De los que hablan como si fueran viejos amigos. Esos ecosistemas no son comunes, comentan. Colombia es uno de los pocos países privilegiados que posee algunos de ellos—, expediciones tipo Natural Geographic.

"No. Cada semana salimos a caminar. Cerca de Medellín hay lugares hermosos para visitar: la Loma del Escobero, el Alto de Las Palmas y, cómo no, el Páramo de las Baldías, "¡un páramo a treinta minutos de Medellín…", exclama Eulalia y hace un comentario sobre la belleza de sus frailejones.

Suelen ir a los municipios del Oriente, visitar el Páramo de Sonsón...

De la moda al matorral
Estudiosos, los dos aficionados a la cacería de orquídeas, hablan de las flores con nombres científicos, describen decenas de especies. Rigurosos, se especializaron en el género de las Draculas. Evocan las Dracula diabola, Dracula lemurella, Dracula verticulosa, Dracula venefica y demás orquídeas que han visto.

"Además de la que se creía extinta, en este viaje observamos y registramos 156 especies diferentes", dice el fotógrafo, quien, claro, también aprovecha sus viajes para hacer fotos de aves, insectos y mamíferos diversos, aunque, ya se sabe, no ocupan el centro de su atracción.

Bluyín, botas de escalar, impermeable... Al ver la pinta de los excursionistas, pocos se imaginarían que esa mujer, Eulalia Piedrahíta, que va dispuesta a arrastrarse bajo el chusque que bordea los bosques, a rasparse incluso la cara en los matorrales, a aguantar frío y hambre, a desempacar un fiambre frío y comerlo bajo un aguacero... es una prestigiosa editora de moda que, simplemente, deja el glamur en casa para buscar orquídeas en los lugares más insospechados.

Hasta Andrés se sorprende de que esa mujer tenga ambas facetas tan disímiles. Y lo resalta.

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