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HISTÓRICO
EVALUAR NUESTROS VALORES
  • SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
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Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 29 de febrero de 2012

Dinamarca ocupa el segundo lugar en el "Índice de Percepción de la Corrupción de 2011" elaborado por Transparencia Internacional, significando que es, según opinión de sus mismos ciudadanos, un país donde existen niveles muy altos de transparencia público-privada.

Transparencia que se traduce también en poca corrupción y un sentido general de que la gente y el gobierno juegan limpio y con reglas claras.

Podría suponerse que las estrictas leyes y el poderoso aparato estatal danés son los responsables de la transparencia, pero la realidad es bien diferente. Las leyes danesas respecto de prácticas corruptas son bastante blandas (el soborno tiene una pena máxima de tres años de cárcel). Es más, su sistema penitenciario cuenta con cárceles que serían hoteles de tres estrellas en Colombia, con muchas "comodidades". Entonces ¿Sobre qué se sostiene la transparencia y poca corrupción de los daneses?

Los valores determinan el comportamiento de las personas dentro de una sociedad, las leyes son solo el marco, pero sin estar en sintonía con la cultura de un lugar, resultan vacías y poco efectivas.

Otro ejemplo significativo es el de China. Según la legislación del gigante asiático, los actos de corrupción son penalizados con la muerte, sin embargo, en el mismo índice de Transparencia Internacional, China comparte su puntaje con nadie más ni nadie menos que Colombia. Claramente, una legislación más dura no es una solución efectiva del problema.

Por otro lado, Japón es el país de Asia al que mejor le va en el Índice de Percepción de la Corrupción, ocupando el puesto 14 mundial. Pero ¿por qué la gran diferencia con sus primos chinos? Un trágico escándalo de 2007 puede resultar ilustrador, cuando Toshikatsu Matsuoka , Ministro de Agricultura, se suicidó durante un juicio de corrupción que se le adelantaba. Fue una reacción exagerada, por supuesto, pero muestra con claridad el papel que los valores, en este caso la vergüenza y el honor, juegan dentro de las sociedades. Aún así, dudo que el corrupto colombiano promedio alcance a sentir ni una décima de la vergüenza del ministro japonés, mucho menos tomar la drástica decisión de quitarse su vida.

Aclaro que esto no quiere decir que en ausencia de ciertos valores nuestra lucha contra la corrupción se encuentre condenada al fracaso. Más bien, que deberíamos preocuparnos por identificar esos valores que pueden potenciarla y que traigan más transparencia a nuestra sociedad.

@santiagosilvaj
santiagosilvaj@yahoo.com