Frustraciones, y muchas, deben sentir quienes se opusieron en El Poblado a la obra 500 cuando la decretamos.
Lo cuento porque son varias las personas que me han dicho que en su momento se opusieron y ahora se arrepienten. Obra que ya estaría terminada y disfrutaríamos de ella.
Después de veinte años se están haciendo tímidamente obritas que estaban programadas en aquel entonces. Se hizo una reducida transversal intermedia, se construyó un intercambio vial sobre la avenida de El Poblado a Envigado y una recortada doble calzada en esa misma loma, se proyectan algunos nuevos puentes sobre el río Medellín.
En la obra 500 estaban contemplados intercambios viales en todas las lomas sobre la avenida y las dos transversales, además de dobles calzadas en todas ellas, como también los puentes necesarios sobre el río Medellín. Para completar con varias vías conectoras entre las diferentes lomas.
Las mentiras empezaron en aquella época cuando decían, primero, que esa obra no valorizaría los predios, pero, y era la mayor y más calumniosa, que los Valencia Cossio y yo teníamos grandes extensiones de tierras en El Poblado y que la obra se había decretado para valorizar esas tierras. La gente ingenua no se daba cuenta de que un argumento se contraponía al otro. ¿Se valorizaban las tierras o no?
Viene la segunda gran mentira, después de veinte años. A alguien le dio por inventar que el responsable de que la obra 500 no se hiciera fue Juan Gómez por haber decretado una consulta popular. Esa gran mentira se difundió, la acogieron los ingenuos sin siquiera fijarse en las fechas y se encargaron de transmitirla a los otros ingenuos hasta llegar por varias fuentes a mis ingenuos oídos. Me veo en la obligación de hacer claridad.
Sólo les pido a quienes la creyeron, que miren fechas.
Terminé mi primera administración de Medellín el primero de junio de 1990, fecha en la que entregué la alcaldía a mi sucesor.
Ahora, que tienen esa fecha presente, averigüen en qué día se hizo la consulta.
Hay que recordar, para hacer más claridad, que a no sé quién, juez o funcionario extraño, le dio por cogobernar y ordenó esa consulta, interviniendo en algo que no le correspondía por estar dentro de las normas y de las funciones de la oficina de valorización.
Lo cierto del caso fue que yo desobedecí y nunca hice la tal consulta y me opuse a ella públicamente.
Tan amigo soy de las obras por valorización, que decreté, en el siguiente período para el que me eligieron alcalde, la obra de la carrera 76 contra toda la oposición de los contribuyentes, contra la campaña de mi sucesor que se basó en el ataque a esa importante obra, quien ganó la alcaldía con esa bandera y terminó, primero, acabando con el sistema de valorización, decisión que tanto daño ha hecho a la ciudad y, segundo, acabó haciendo una mini 76.
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