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HISTÓRICO
Gota a gota, todo un río
Santiago Silva Jaramillo | Publicado el 22 de agosto de 2011
La pobreza es un problema complejo para las sociedades contemporáneas. Identificarla, medirla y, sobre todo, plantearse las políticas y programas para intervenirla (buscando mitigarla o superarla), es fuente de constante debate para cualquier sistema político del mundo.

Sin embargo, hay cierto consenso en cuanto a lo que algunos llaman "El círculo vicioso de la pobreza", esto es, la idea de que existen algunas dinámicas que impiden que los pobres dejen de serlo.

La filósofa Paulette Dierterlen sostiene que una de estas circunstancias desastrosas es la incapacidad de los pobres de acceder al mercado del crédito. Dice Dierterlen que hay dos razones para esto: la primera, la posibilidad de fracaso del proyecto que se emprenderá con el crédito y la falta de recursos de apoyo para responder por el mismo. Los pobres con deudas tienen, en muchos casos, que tomar la terrible decisión de pagar las cuotas o comprar comida.

La segunda razón es la falta de garantías que éstos pueden ofrecer a los bancos y la renuencia de la mayoría a exponerse a perder el dinero en un préstamo riesgoso.

Ahora bien, si los pobres no pueden acceder a créditos, dice Dierterlen, no pueden tampoco comprar tierra, pagar su educación o emprender un negocio que les ayude a mejorar su situación económica. De igual forma, llegado el caso de un imprevisto (que siempre los hay y de todos los tipos) los pobres tienen que echar mano de unos personajes tan siniestros como los prestamistas ilegales. El famoso "gota-gota" o el "paga-diario", en el caso colombiano.

Los prestamistas ilegales colombianos son expertos en lograr que sus clientes se mantengan pegados a sus deberes crediticios con sus intereses de usura. Los deudores, que comúnmente son incapaces de responder por la plata que deben en los tiempos y las condiciones estipuladas, terminan entonces acudiendo a otros prestamistas ilegales, tomando nuevos créditos que también les será imposible pagar.

La inmensa preocupación de las personas por pagar sus préstamos "gota-gota" o "paga-diario" se desprende de otra realidad con profundas consecuencias sobre nuestra sociedad: los prestamistas ilegales son, en muchos casos, lavadores de dineros del narcotráfico y por tanto, cuentan con la capacidad de ejercer violencia para mantener los pagos por los créditos que otorgan. Así pues, el crédito ilegal y los prestamistas ilegales se constituyen no sólo en un problema económico y social de nuestro país, sino en uno de seguridad y lucha contra la delincuencia y la violencia.

El Gobierno nacional (también el local) puede profundizar sus esfuerzos por combatir este fenómeno. La bancarización es un buen inicio, pero puede quedarse corto; las personas deben contar con la posibilidad real no sólo de acceder al sistema financiero, sino a todos sus beneficios. La Banca de las Oportunidades es otra buena iniciativa. Otra idea, desarrollada por varios programas en diferentes partes del país, es que el Estado actúe como garante de los préstamos, eliminando las reticencias de los bancos a prestar dinero a quienes no pueden responder fácilmente. El apoyo a cooperativas y cajas de compensación resulta pertinente.

La lucha contra la pobreza necesita voluntad política; de las acciones y decisiones que puedan lograr romper alguno de los eslabones del desastroso "círculo vicioso" que atenaza a tantas personas y el combate contra los prestamistas ilegales puede ser un excelente enfoque para enfrentar esta difícil tarea.