"Los hijos son lo que son y no lo que los padres queremos que sean". Así se expresa Catalina Mora Saldarriaga sobre su experiencia como mamá de Miguel Gómez Mora, un pequeño que nació con Trastornos del Espectro Autista (TEA).
En esta experiencia de vida no todo ha sido fácil, pero han aprendido maravillosas enseñanzas y eliminado mitos sobre este tema, como los que califican a quienes padecen de este trastorno del desarrollo, como enfermos, incapaces o bobos. Nada más alejado de la realidad.
El autismo es otra manera de ver el mundo y de aprender. Y por eso cabe un día, como hoy, para crear conciencia sobre estas personas que, simplemente, son diferentes. Lo dice en sus palabras Miguel, cuando le indicó a su madre: "Quiero ser tratado cómo se trata a todos los seres humanos, no quiero ser excluido, ni señalado, solo quiero ser yo mismo".
Miguel tuvo el apoyo de la Fundación Integrar y ahora del colegio Colombo Francés, donde estudia. Con ellos han implementado herramientas para ampliar las posibilidades de comunicación. Porque de eso se trata.
Como lo explica Zoraida Rueda, fonoaudióloga de la Fundación Integrar, se trata de quitar barreras y aumentas las posibilidades de interacción.
Han adoptado la utilización de múltiples recursos, entre ellos dispositivos móviles como tabletas y smartphones, así como aplicaciones.
Ellos, los equipos, en principio, ayudan a remplazar las carpetas en los que están los tableros de comunicación, una clásica forma de interacción con los niños. Además, el lenguaje digital, muy visual y táctil, "respeta las características del procesamiento de la información de una persona con autismo".
Alerta que el uso de dispositivos no remplazan el proceso de aprender la interacción con el otro. Por ello, deben ser guiados para sacarles el mayor provecho y evitar que se queden allí, absorbidos por la tecnología, que es tan solo una herramienta.
Otra de las maneras de llegar a su mundo.
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