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HISTÓRICO
INDIGNACIÓN SELECTIVA
  • INDIGNACIÓN SELECTIVA |
    INDIGNACIÓN SELECTIVA |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 04 de septiembre de 2013

La semana pasada los colombianos nos despertamos en un país en caos. Los campesinos, particularmente paperos de Boyacá y Nariño, cumplían días de bloqueos a las carreteras, estrangulando el flujo de alimentos a algunas ciudades capitales. En Medellín y Bogotá, miles de personas salieron a las calles a expresar su apoyo al paro agrario y cumplir con el lugar común de las manifestaciones colombianas: lo que comenzó como una demostración pacífica degeneró pronto en enfrentamientos con la policía, saqueos y disturbios.

El presidente Santos respondió con inconsistencia. Prometía medidas para el campo, pero culpaba a sus antecesores, reprimía las demostraciones, pero insistía en sentarse a negociar con los líderes campesinos.

Ahora bien, preocupan dos asuntos sobre este paro nacional.

El primero, la irresponsable pereza con la que algunos han salido a señalar responsables por la crisis agrícola. Por un lado, está el gobierno, que encogiéndose de hombros ha reunido una larga lista de responsables, ninguno de los cuales -convenientemente- tiene algo que ver con los funcionarios: desde las administraciones anteriores, hasta las Farc. En la otra esquina, los cantos de sirena de la izquierda que no desaprovecha ocasión para reciclar su caduco discurso. El senador Jorge Robledo, por ejemplo, se ha lanzado en una irresponsable diatriba contra los Tratados de Libre Comercio recientemente firmados por el gobierno colombiano, cuyas desgravaciones, curiosamente, no han entrado en vigencia en su mayoría.

La incomodidad viene, por supuesto, del hecho de que cuando las explicaciones para un problema público son perezosas y polarizadas, se reúnen los elementos para la construcción de políticas erradas.

El segundo es sobre nuestra cultura política. Empiezo por decir que un acto realmente revolucionario en este país sería respetar la ley, jugar según las reglas; porque tirar piedra es de cobardes y conformistas. En efecto, la manera como degeneraron las manifestaciones en casi todo el país generaron sentimientos encontrados con el paro, porque aunque entiendo el descontento, no estoy seguro si esta es la forma, si las cosas se arreglan saliendo a las calles, incluso pacíficamente.

El problema es que sufrimos de indignación selectiva y activismo apático. Los cambios no se logran dándole "me gusta" a una foto, por muchos campesinos "enruanados" que aparezcan en ella. Que las cacerolas aguanten hasta marzo y mayo de 2014, porque protestamos y gritamos al cielo cuando no es tan importante, para luego bajar la cabeza en elecciones y encogernos de hombros a la hora de ejercer control social. Ojalá el descontento nos durara, a ver si dejamos de votar por los de siempre.