Colombia es un país de jóvenes. Según los cálculos del Departamento Nacional de Planeación (DNP), la población colombiana en el año 2000 llegó a 42.321.390 habitantes. De ellos el 41%, es decir, 17.563.708 personas son menores de 18 años.
(En la franja de edad entre los 18 años y los 24 años hoy tenemos 3.700.000 jóvenes).
De los menores de 18 años, el 41% (7.192.784) vive en pobreza y de ellos el 15,3% (2.687.528) en absoluta miseria. Sólo 60 de cada 100 niños que ingresan a la básica primaria terminan el 5º grado. De cada 10 niños que trabajan sólo 3 asisten a la escuela. La deserción escolar llega al 35%. El analfabetismo alcanza el 10% en la zona urbana y el 30% en la zona rural.
Las nuevas generaciones no naufragan exclusivamente en los límites de la pobreza, muchos son lesionados gravemente por la barbarie de la guerra: 47% de los menores de edad, es decir, 7.859.673 son maltratados.
Según cálculos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), 850.000 niños sufren maltrato severo, la mayoría en la franja de edad entre 5 y 14 años.
Con toda honestidad creo que como sociedad no tenemos el talante espiritual para descubrir que hay algo vergonzoso en esta forma de asumir el país.
"... Esta encrucijada de destinos ha forjado una patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad. Nuestra insignia es la desmesura. En todo: en lo bueno y en lo malo, en el amor y en el odio, en el júbilo de un triunfo y en la amargura de una derrota. Destruimos a los ídolos con la misma pasión con que los creamos. Somos intuitivos, autodidactas espontáneos y rápidos, y trabajadores encarnizados, pero nos enloquece la sola idea del dinero fácil. Tenemos en el mismo corazón la misma cantidad de rencor político y de olvido histórico. Un éxito resonante o una derrota deportiva pueden costarnos tantos muertos como un desastre aéreo. Por la misma causa somos una sociedad sentimental en la que prima el gesto sobre la reflexión, el ímpetu sobre la razón, el calor humano sobre la desconfianza. Tenemos un amor casi irracional por la vida, pero nos matamos unos a otros por las ansias de vivir... En cada uno de nosotros cohabitan, de la manera más arbitraria, la justicia y la impunidad; somos fanáticos del legalismo pero llevamos bien despierto en el alma un leguleyo de mano maestra para burlar las leyes sin violarlas, o para violarlas sin castigo...
Nos indigna la mala imagen del país en el exterior, pero no nos atrevemos a admitir que la realidad es peor. Somos capaces de los actos más nobles y de los más abyectos, de poemas sublimes y asesinatos demenciales, de funerales jubilosos y parrandas mortales. No porque unos seamos buenos y otros malos, sino porque todos participamos de ambos extremos. Llegado el caso -y Dios nos libre- todos somos capaces de todo...". Gabriel García Márquez. Por un país al alcance de los niños, Misión Ciencia, Educación y Desarrollo.
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