x

Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

La Biblia, libro inmortal

  • P. Hernando Uribe, Ocd. | P. Hernando Uribe, Ocd.
    P. Hernando Uribe, Ocd. | P. Hernando Uribe, Ocd.
11 de marzo de 2010
bookmark

La Biblia no es un libro de ciencia, no está hecha para informar de nada.

Es un testimonio de fe para la fe. Cuenta cómo acontece Dios en el hombre y en la creación.

Sus autores, que la escribieron en un transcurso de más de diez siglos, se propusieron contarle al lector lo que les pasó a ellos al escuchar la palabra de Dios, que es Dios mismo, hablándoles sin ruido de palabras.

El lector de la Biblia se vuelve espectador de lo que le pasa cuando lee, la transfiguración de todo su ser.

Lo que sucedió en un remoto ayer, hoy le acontece a él y al ambiente que lo rodea.

La Biblia es distinta para cada lector, que se vuelve carne y sangre de lo que lee, portentosa encarnación.

Al lector bíblico lo espera la aventura de dejarse seducir, el arte de persuadir suavemente para algo bueno.

S. Juan de la Cruz cayó en las redes de esta seducción. "Este bien del alma redunda en el cuerpo con sentimiento de grande deleite y gloria que se siente hasta los últimos artejos de pies y manos" (Llama 2, 22).

Infinito deleite de amor, dice él.

El lector de la Biblia vive en un forcejeo descomunal. Romper el cascarón de la palabra humana que encierra la palabra divina.

La palabra que lee es palabra intermedia entre la palabra humana que es el mismo lector, ropaje de la palabra divina, que es Dios.

Lee en procura de encontrar la palabra divina en la palabra humana. Presa del deslumbramiento, experimenta lo que afirma Juan: "Y la Palabra se hizo carne" (1, 14).

La Palabra se vuelve palabra en él, en el lector. La verdadera seducción, Dios que se vuelve hombre, hombre que se vuelve Dios.

Borges cuenta algo que ocurrió en tiempos de Beda el Venerable:

"Caedmon era un rudo pastor y ya no era joven; una noche, se escurrió de una fiesta porque previó que le pasarían el arpa, y se sabía incapaz de cantar. Se echó a dormir en el establo, entre los caballos, y en el sueño alguien lo llamó por su nombre y le ordenó que cantara. Caedmon contestó que no sabía, pero el otro le dijo: 'Canta el principio de las cosas creadas'.

Caedmon, entonces, dijo versos que jamás había oído. No los olvidó, al despertar.

Nadie se igualó a él, porque no aprendió de los hombres sino de Dios".

Al místico le enseña Dios.

*Monticelo, Centro de Mística.

Te puede interesar

¿Buscando trabajo?
Crea y registra tu hoja de vida.

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD