Hace 600 años, en 1412, nació en Lorena una candorosa campesina llamada Juana de Arco que cambiaría la historia de Francia. Tenía 12 años cuando recibió la visión de un ángel que le pedía presentarse ante Carlos VII para dirigir el ejército y salvar a Francia del asedio de los ingleses, pues Enrique V quería aprovecharse de los conflictos internos de Francia y sobre todo de la debilidad de Carlos VII , el delfín, que por cobardía rehusaba luchar por sus provincias optando por refugiarse en su fortaleza.
Al inicio, Juana no hizo nada por temor a su padre, pero como las visiones se repetían, con 16 años, tomó la dirección del ejército y logró liberar a la estratégica ciudad de Orleáns. Triunfó también en Patay y finalmente hizo que Carlos VII fuera coronado rey de Francia en la ciudad de Reims. A partir de aquí todo fue dramático para nuestra heroína, pues además de ser traicionada por el mismo rey, fue condenada a morir en la hoguera por los delitos de hechicería y brujería. Así la historia, este hecho nos lleva a pensar en nuestros líderes, que deben ser valientes y saberse inmolar antes que los súbditos; en la cuenta de conciencia que trae la fidelidad o la traición; y en el valor de esta joven para realizar su misión, aunque tuviera que morir con sólo 19 años.
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