En un día soleado solo la charla con un compañero hace que la profesora mueva a Camilo Ortega de la silla cuatro, de la fila siete, del salón de quinto grado de la escuela Beato Hermano Salomón.
Si llueve la probabilidad de que lo cambien de puesto es mayor. Cuando mira al techo para meditar las respuestas de un examen, Camilo no ve el blanco de la pintura que tienen sus compañeros sobre la cabeza sino una mancha café, la huella de las goteras que le quitan su puesto fijo en el salón.
Manchas del mismo color, pero de diferentes tamaños hay en la mayoría de los siete salones donde reciben clases, en dos jornadas, cerca 490 estudiantes de primaria.
Son las manchas que le hacen añorar a la maestra Beatriz Monsalve los años en que los Hermanos de la Salle apoyaban el mantenimiento de las instalaciones, les prestaban las piscinas del colegio que tenían en el barrio Boston, ayudaban a capacitar a los docentes y les regalaban las fiestas por el día del Niño.
Fue así hasta que los Hermanos vendieron al Municipio de Medellín la sede del colegio y el predio de la escuela, en el barrio Caicedo, que según la profe Beatriz estaba rentado al municipio.
Con el cambio de dueño la Beato se convirtió en sección del Colegio Caracas y empezó, creen padres de familia, el descuido de la sede por la falta de mano.
Al secretario de educación de Medellín, Felipe Andrés Gil, le parece que la escuela ya estaba en malas condiciones cuando la recibieron. Aseguró que por eso, y atendiendo las solicitudes de la comunidad, es que se le construyó el área para el comedor escolar, oficinas, unidades sanitarias y una aula múltiple.
Las obras se recibieron entre 2008 y 2009 pero la coordinadora de la sección, Hermana Clara Inés Rubio, cree que no están del todo bien porque a pesar de ser tan nuevas tienen goteras y paredes ajadas. Hizo énfasis en el aula múltiple pero el Secretario de Educación sostuvo que con el contratista se coordinó superar esas fallas.
La mayor preocupación de Olga Lucía Toro y Viviana Gil Campillo, madres de dos estudiantes, está en la parte antigua de la planta -que es la más amplia- por las baldosas levantadas, las grietas de las paredes, el deterioro de la chancha y el pésimo estado del parque de juegos.
Felipe Gil estuvo hace unos 20 días en la Beato y observó el mal estado de esa parte de la edificación. Por eso ya se adjudicaron recursos para la segunda etapa de la intervención. Sigue el proceso de contratación y calculó que en unos dos meses se iniciarán las reparaciones.
Esa fecha la espera con ansias la coordinadora de la sección porque no quiere vivir de nuevo el susto de hace un año cuando el alumno José Fernando Ríos se cayó en un sendero en mal estado y se rompió la tibia y el peroné.
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