Una tiene 42 y la otra 38, pero parecen quinceañeras. Y lo tomaron tan a pecho que cuando se bajaban del avión y aún con las maletas en las manos, se iban derecho para el diamante, se cambiaban y de una a entrenar.
Es tanta la clase que las acompaña que Ana María Jaillier y Adriana Gallego impulsaron, con su experiencia, a la novena de Antioquia que, después de once años, rompió el ayuno de títulos.
La historia es hasta simpática, porque después de mucho tiempo se volvieron a reunir las dos experimentadas jugadoras y el técnico Guillermo Boli Bonfante, quienes hicieron la amalgama de este cetro que tiene dichosa a la familia de la pelota blanda.
"Les venía lavando el cerebro desde el año pasado. Y como los novios, yo que sí, ellas que no, yo que sí, ellas que no. Las trabajé de sicología. Y, al final, como me quieren como a un padre que siempre he sido con ellas, les saqué el sí".
De esta forma pudo convencer el viejo Boli a las dos mejores jugadoras del país en la historia de este deporte, que casi todas las noches salieron del retiro, dejar de lado su trabajo en Construcciones El Cóndor, para ponerse el uniforme de entrenamiento.
"Fue muy duro al comienzo, sobre todo por la labor física. Adriana y yo estuvimos al principio por los laditos, pero después nos convencieron en una reunión de integración que hicimos en mi casa".
La rubia Ana María, la hoy presidente ejecutiva de la compañía constructora, que hace carreteras y obras civiles, goza con este nueva experiencia, tan lejana como 1982, cuando se puso por primera vez el uniforme verde y blanco en un Campeonato Nacional.
Con Ana y Adriana, la llave doble A, volvió la fórmula ganadora que, incluso, antes se elevó hasta el seleccionado nacional. El par de experimentadas peloteras fueron el acicate para un grupo que tiene un promedio de edad de 20 años y que presenta una sólida base de jugadoras surgidas de Urabá (son nueve) y otras tres hechas en los barrios populares del Oriente de Medellín (Mónica Cardona, Yadira Conrado, y Natalia Giraldo).
Y con ellas volvieron la tambora y la carrasca, como hace veinte o más años cuando el sóftbol llenaba diamantes. Libis Hurtado, otra de las experimentadas, se apersonó de la guacharaca, y Mónica Cardona, de la tambora.
Todo se dio, en una extraña conjunción, para que Antioquia volviera invicto y con el título de San Andrés.
Y ellas cantando el pegajoso estribillo: "Antioquia ha venido, un equipo sin rival, es la Selección Antioquia que a todos les va a ganar". Y así fue.
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