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Cuentas y gambetas del fútbol colombiano

14 de junio de 2008
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Si en una empresa hay trabajadores que viven en casas de 1.300 millones de pesos, manejan carros de 120 millones de pesos, se gastan en una rumba 7 millones de pesos y se ponen tenis de 450 mil pesos, lo mínimo que se puede pensar es que están en un negocio muy lucrativo.

Esta bien podría ser una medición indirecta de la rentabilidad del fútbol profesional colombiano. El atajo hay que tomarlo, porque ni los organismos de control saben, a ciencia cierta, cuántos ceros a la derecha tiene esta actividad.

Los balances se visten de penumbra y dentro de esta hay una orgía de especulaciones sobre el valor de los clubes, el monto de sus activos, los ingresos por publicidad y la venta y valorización de jugadores. Todo un gol olímpico a la verdad y a la transparencia.

Testigos de ello son los funcionarios de Coldeportes y la Superintendencia de Sociedades que en 2007 visitaron los 36 clubes profesionales. Miraron libros y encontraron hasta un equipo con reses incorporadas a sus activos.

Ya no folclórico, sino inquietante, fue ver contabilidades que se desviaban de las normas legales o que hacían una errada aplicación de las mismas. La solución tiene un sabor añejo, y poco creíble para personas que llevan largos años vinculados a este negocio: los clubes deben hablar el mismo lenguaje contable y sujetarse a un Plan Único de Cuentas. Aún faltan 12 corporaciones por enviar sus datos a Coldeportes y la Supersociedades, las cuales divulgarán en agosto los resultados de este trabajo.

Por todo eso hay que mirar con beneficio de inventario los números gordos del fútbol. El primero indica que los 36 clubes suman en activos 181.548 millones de pesos. Tal es el valor reportado en sus balances al cierre de 2006. La suma supera el entable productivo registrado en Colombia por la multinacional Shell y aun el de la Ford Motor, que ese año clasificó como el tercer concesionario más grande del país.

Los intangibles son el mayor tesoro de los clubes. Y también una pieza de libre manejo que les permite mostrarse como empresas viables. De cada 100 pesos de activos, por lo menos 90 pesos corresponden al valor de los derechos deportivos de los jugadores y su valorización, las fichas de la Dimayor que les dan derecho a participar en los torneos, y el valor de su marca.

Eso también ayuda a entender por qué los equipos colombianos pasan del infierno a la gloria en un abrir y cerrar de ojos.

Su salvación son las jugosas transferencias y las estrellas que sumen en torneos nacionales e internacionales. Una muestra. En 2004 el Once Caldas fue campeón de la Copa Libertadores y cerró el año con 6.459 millones de pesos de utilidades. Un año atrás, sus flojos resultados deportivos le dejaron una flaca ganancia de 10 millones de pesos.

Imagínense las oraciones al Divino Niño de un club como el Medellín, cuando vendió a un jugador como Juan Pablo Pino por 5,5 millones de euros. El 50 por ciento le correspondió a la empresa de Felipe Posso y, dicen en el club, los intermediarios se quedaron con un millón de euros.

Premios y castigos
Así es el péndulo del fútbol. Jugar bien, liderar la tabla, llenar estadios y acumular estrellas, da jugosos dividendos. A Nacional, por ejemplo, el hecho de estar por fuera de los ocho semifinalistas de la Copa Mustang I, le significa dejar de recibir unos 2.000 millones de pesos, por taquilla, televisión y publicidad.

Es que un estadio vacío infarta las arcas de los clubes. En 2007 asistieron a los partidos profesionales 3 millones 950.142 espectadores, que pagaron más de 36.601 millones de pesos.

Nacional, con doble estrella ese año, tuvo una asistencia de 598.099 espectadores, que le reportaron ingresos por 7.357 millones de pesos. Para el verde y blanco esta suma representó el 56 por ciento de sus ingresos operacionales.

El segundo club más taquillero fue Millonarios, con 348.201 aficionados y un recaudo de 5.301 millones de pesos.

El colero en asistencia fue el Chicó. En todo el año lo vieron jugar 36.999 seguidores. Y su recaudo: 371 millones de pesos. La cuantía es irrisoria. Ese puede ser el salario, en un año, de un jugador extranjero.

Mundial de ensueño
Las estrellas levantan la moral y llenan los bolsillos. Ser campeón del torneo doméstico engorda los ingresos de taquilla y valoriza al club. No más, porque la Dimayor no entrega ni un peso de bonificación.

Ese título, sin embargo, es el pasaporte para ingresos fabulosos. Ganar el derecho a participar en la Copa Santander Libertadores significa recibir de la Conmebol unos 450.000 dólares por los tres partidos de la primera ronda, amén de una taquilla del orden de 1.000 millones de pesos. En caso de llegar a la final, un equipo puede acumular hasta 5 millones de dólares. Y si sale campeón, recibe 1,5 millones de dólares, mientras que el subcampeón se gana 500.000 dólares.

Si al equipo le suena la flauta y clasifica a la Copa Nissan Sudamericana, entonces consigue 70.000 dólares por localía, más las taquillas. Llegar a la última instancia se traduce en la dulce promesa de 1 millón de dólares en ganancias. Sin contar con que esta vitrina internacional puede conducir a la venta de jugadores.

Pero hay otro escalón. Llegar al Mundial de Clubes es como estar a las puertas del cielo. En 2007 se entregaron allí premios por 16 millones de dólares. El primero se quedó con 5 millones y el séptimo, con 500.000 dólares.

Juegan en casa
Los aficionados de sofá también alimentan las finanzas de los clubes.

La Dimayor tiene para repartir, en cinco años, unos 40.000 millones de pesos por concepto de derechos de transmisión por televisión de los partidos. Por este ítem, en 2007 uno de los equipos antioqueños recibió 400 millones de pesos, a razón de 30 millones por juego transmitido en tele abierta y 15 millones por la tele cerrada. Los visitantes tienen su tajada: 5 millones de pesos por partido en la tele abierta.

Otro renglón, de manejo más reservado por algunos equipos, es la partida que reciben de sus mecenas o patrocinadores, cuyos nombres aparecen en camisetas y pantalonetas. Datos extraoficiales indican que las de Nacional y Medellín suman cerca de 3.700 millones de pesos.

Abismo salarial
Buena parte de esos ingresos de los clubes se van en el pago de salarios y premios. Los hay para todos los gustos. En la cúspide están los extranjeros que, entre salarios integrales y el préstamo de sus derechos deportivos, pueden ganar de 80 a 100 millones de pesos mensuales.

En los clubes más sólidos, los sueldos más altos van de 25 a 30 millones de pesos. El nivel medio es de 7 a 8 millones de pesos. Y el rango más bajo está en unos 3 millones.

En equipos de mitad de tabla, el ingreso mayor es de unos 8 millones de pesos, el rango medio está en 4 o 5 millones de pesos y el más bajo en 2 millones.

En los equipos profesionales más chicos el mayor salario no pasa de 6 millones y el más bajo está en niveles de salario mínimo.

En promedio, la vida útil de un jugador de fútbol es de 10 años. Y, de acuerdo con normas contables, se estima que a los 35 años es un activo ya depreciado o librado.

De nuevo, vuelve y juega la advertencia. Estas cifras, aún las que traen sello oficial, no son la verdad revelada. Al fin y al cabo, como dice un ex dirigente deportivo, el fútbol colombiano "es la sociedad de la mentira".

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