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La rabia sólo lleva a más violencia

Aplaudir que una víctima de la delincuencia tome la justicia por mano propia es signo de crisis institucional.

14 de octubre de 2013
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Vándalos. Ratas. Chandas. Escorias. Basuras. Y sume todos los calificativos, insultos e improperios que quiera a los términos con los que cientos de ciudadanos de Medellín se refirieron a los dos presuntos ladrones en moto que, en la noche del miércoles, fueron arrollados por el conductor de una camioneta que, al parecer, fue víctima de un atraco que ellos le habrían cometido intimidándolo con un arma.

Según la versión de las autoridades, tras el asalto, la víctima, que iba en su vehículo, persiguió a sus victimarios y, cuando tuvo la oportunidad, los embistió con su automóvil, ocasionando la muerte del parrillero y dejando gravemente herido al conductor de la moto.

Tanto en las redes sociales, como en los comentarios al relato que del hecho publicó este diario en Internet, las reacciones de los ciudadanos no se hicieron esperar y en su mayoría se manifestaron con insultos verbales contra los motociclistas y en elogios para el conductor del vehículo.

Un comentario que resume el sentido de las expresiones ciudadanas es el siguiente: "Así es como hay que defenderse de estas chandas. Ahí sí llegó la ambulancia rapidito para llevar a la chanda que quedó viva a la clínica. Si hubiese sido una persona de bien, las ambulancias ni la Policía aparecen. Felicitaciones al conductor atracado por su valentía y verraquera".

Cabe la pregunta: ¿es válida la reacción ciudadana, que aplaude a un ciudadano que toma la justicia por sus manos y ejerce violencia verbal contra los presuntos victimarios?

Para Jorge Giraldo Ramírez, decano de la Escuela de Ciencias y Humanidades de Eafit, la actitud de quienes aplauden al conductor y lo tildan de héroe constituye una actitud en extremo peligrosa.

"Es gravísimo. Si se mira la encuesta Medellín cómo vamos del año pasado, los niveles de confianza en las autoridades han bajado y concomitantemente los niveles de denuncia por delitos también. Eso podría conducir a que se alimenten las actitudes de justicia por mano propia, privada, que siguen siendo muy fuertes en nuestra cultura. Esto lo corrobora".

Giraldo invoca el principio de corresponsabilidad, que tiene que ver con la denuncia ante la autoridad y la solidaridad en el entendido de que la sociedad no compre objetos robados, que los comerciantes no cohonesten con las organizaciones criminales comprando, por ejemplo, autopartes robadas. "La corresponsabilidad hay que entenderla en un sentido legal, de colaborar con las autoridades, cortarles circuitos a las economías ilegales y criminales".

Y expresó que le preocupa más la reacción fría de los ciudadanos que aplauden al conductor, porque esa se hace posterior al hecho y no en caliente y con emotividad.

Venganza mortal

Max Yuri Gil, director de la Corporación Región, observa en este hecho una reacción desproporcionada: "Acá tenemos una evidencia de cómo se ha deteriorado el sentido de justicia, del debido proceso. De ninguna manera es justificado que frente a un delito cometido presuntamente por unos muchachos, una persona se tome la justicia por sus manos y convierta un atraco en una pena de muerte".

Aunque puede entender los sentimientos del conductor al momento del suceso, observa en él un nivel de intencionalidad en la conducta agresiva.

"Esto pone de presente que esta cultura paisa va legitimando cada vez más la venganza, porque más que justicia por mano propia, es un acto de venganza", apunta el analista.

Una de las opiniones expresadas por los ciudadanos es la siguiente, que puede explicar porqué los aplausos para el conductor: "Yo pienso que los ladrones no tienen perdón de Dios. Estamos en una inseguridad brutal en esta ciudad y en este país. Al final la gente se va a tener que defender por sí misma al estilo oeste. No podemos dejarnos acobardar".

¿Será ese el camino?

Juan Diego Restrepo, un líder social que desde la Fundación Nazaret lidera proyectos de convivencia con los jóvenes de Medellín, opina que no.

"Siempre, en cualquier caso, hay opción para la no violencia, el fin nunca debe justificar los medios. De fondo hay un problema que nos corresponde a todos: el que una persona tenga que salir a robar o cometer hechos violentos nos debe cuestionar como ciudadanos, no es solo el Estado el responsable".

Restrepo lamenta que el cansancio ciudadano ante tanto hecho violento genere actitudes como la descrita, y su llamado es a la no violencia.

"Está tan equivocado el que cometió el robo como el que tomó la justicia por su mano o el que cree que esa fue una buena solución, hay que abrir una conversación como sociedad, mirar en qué estamos fallando".

Pese a todo, hubo un comentario en contravía: "Me deja sorprendido la indolencia de las personas cuando animan a tal acto y hasta celebran la muerte de una persona... por Dios, ¿no se dan cuenta de que es un ser humano, es una vida que se ha terminado a sus 20 años producto de la intolerancia y de una mala educación por parte de sus padres?".

Jorge Mejía Martínez, exsecretario de Gobierno y recientemente nombrado por el alcalde, Aníbal Gaviria, como nuevo Consejero para la Convivencia, la Reconciliación y la Vida, dice entender la reacción del conductor, pues es emocional y todo humano se comporta diferente ante un suceso violento.

"Yo salgo corriendo, pero él pudo haber actuado así dolido por la situación".

Aún así, deplora que por su actitud reciba sólo elogios: "Es lamentable que la gente lo avale, porque es desconocer que la capacidad de reacción de la Policía ha mejorado con grandes capturas y la prevención de delitos; es cierto que falta mucho, pero el camino correcto es apoyar la institucionalidad, la Fuerza Pública y la justicia".

El secretario de Seguridad, Iván Darío Sánchez, también recién posesionado, aclara que el caso quedó en manos de la Fiscalía, que será la que determine las presuntas responsabilidades del conductor, que no ha sido objeto de detención.

A su vez, recalca que "ante todo hay que defender el valor de la vida, toda vida que se pierda es una tragedia y hay que trabajar para defender ese valor supremo", aún en las peores circunstancias.

¿Está tan en declive la autoridad como para que la sociedad piense que el camino que queda es la propia venganza contra los delincuentes? El debate apenas empieza.

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