Los candidatos presidenciables han puesto de moda la Seguridad Democrática (SD), con pocas diferencias y algún énfasis personal.
Sin lugar a dudas, nadie quiere bajarse del bus de los logros de la SD y desconocer el beneficio que ha aportado a la tranquilidad ciudadana.
Si bien se habla de la necesidad de su continuidad, ninguno se muestra apático ni alejado del sentir positivo de los colombianos sobre la vigencia de la SD, como quiera que ha sido una estrategia exitosa.
Cuando hace más de siete años se formuló bajo el liderazgo de la Ministra de Defensa Marta Lucía Ramírez, pocos creyeron en su éxito y en cambio, hoy muchos pretenden arrogarse su paternidad.
Es importante resaltar que el liderazgo político-militar de la política de SD fue una realidad de unidad nacional que se llevó a la práctica y hoy cuenta con el reconocimiento de la mayoría de los colombianos.
No es de extrañar, entonces, que la SD esté de moda, no sólo en el debate electoral sino en el sentimiento nacional.
De ahí la necesidad de mantener los consensos mínimos sobre temas sensibles como es el ámbito externo de la seguridad, pues se deben evaluar con objetividad y pragmatismo los riesgos y amenazas que puedan atentar contra la soberanía nacional y la integridad territorial, otrora una hipótesis muy lejana y circunstancia que hoy no se puede soslayar, y demanda una pronta y profunda reflexión estratégica sobre el entorno vecinal.
En el orden interno, las características y condiciones de los actores violentos han ido evolucionando.
Podemos afirmar que hay en curso una transformación de los actores violentos y un proceso de adaptación a la SD que, sumado a la pasividad armada, podría reflejar un debilitamiento, mas no una anticipada derrota.
Estos grupos armados ilegales aún cuentan con una gran capacidad para hacer daño por medio del terrorismo.
Es evidente la aparición del fenómeno de las bandas criminales con renovadas fuerzas.
Se trata de organizaciones criminales poco interesadas en agendas políticas y más bien en desarrollar acciones delictivas orientadas a la depredación económica e influencia territorial.
Valga la pena preguntarnos: qué tan importante es que el debate con los presidenciables se esté dando en situaciones hipotéticas, sobre santuarios de la guerrilla colombiana en territorio de países vecinos y la decisión de bombardear o no, en cambio de buscar la forma de neutralizar esta diversidad criminal cada día en aumento en nuestro país, que afecta la convivencia pacífica y aleja el logro de la paz nacional.
Llama la atención que esta campaña por la primera magistratura de la nación sólo se ha centrado en resultados de encuestas; en escasos debates programáticos; en la construcción de proyectos políticos con un alto contenido mediático; en la búsqueda afanosa de votos de opinión; en polarizar la sociedad colombiana entre los éticos y los no éticos? Mientras tanto, ¿qué estarán pensando las Farc y el Eln?
Sólo pedimos mayor atención, claridad y coherencia programática en la búsqueda de mejores niveles de bienestar y seguridad de nuestro pueblo, y no alentar las excentricidades del comandante Chávez.
PAUSA UNO: Paz en la tumba de los nobles y valientes soldados fallecidos en el infortunado accidente aéreo de Chaparral. Como colombianos ejemplares que fueron, la Patria honrará por siempre su memoria.
A sus distinguidas familias, nuestra voz de aliento y fraternal solidaridad.
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