"Uno es un instrumento de la guerra. Tiene que actuar como le toque y donde le toque [?] Yo descuarticé a varias personas vivas. Por lo general se empieza por la cabeza. Hace gárgaras... sentía la necesidad de terminar ligero porque era incómodo ver a una persona con el suspiro de uff, uff, uff".
Este testimonio, del paramilitar alias 'el Iguano' y publicado por la revista Semana , contrasta con los que expone la investigación Memorias en tiempo de guerra, realizada por el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. Los libros que componen este estudio recogen historias atroces de la violencia paramilitar, como las masacres de El Salado y Segovia.
Lo dicho por 'el Iguano', demuestra que la guerra saca el instinto más cruel del ser humano. En el curso de la historia, la guerra ha sido idealizada a través de las narraciones épicas. Ha sido constantemente sacralizada. Karl Kaspers preguntó cómo podía ser gobernada Alemania por un hombre de tan escasa formación como Hitler. Martin Heidegger , el gran filósofo, respondió: "¡La formación es indiferente por completo, mire usted solamente sus preciosas manos!".
Pero el testimonio del 'Iguano', sustenta aquello dicho por el militar prusiano Clausewitz: "los enemigos se determinan mutuamente, y a una ignominia se puede responder con otra peor, hasta que la degradación se convierte en una espiral imparable". Es desalentador que el hombre, valiéndose de la búsqueda de la libertad, haya degradado al ser humano. Un patriotismo ciego ha dejado millones de muertes, no reconocidas como crímenes de lesa humanidad.
Las 300 mil muertes de La Violencia en Colombia, en los años 50, germinaron con más fuerza en las últimas décadas. Lo descrito en Memorias en tiempo de guerra rebasa la imaginación. Para los paramilitares la barbarie se convirtió en un oficio, auspiciado por las ganas de venganza por las atrocidades de la guerrilla.
En otro de los testimonios, publicado también por Semana en diciembre de 2007, un paramilitar aseguró que cuando "uno se acostumbra a matar personas día de por medio, llega el día en que no lo puede hacer y siente un desespero, como al que le hace falta la droga". Quienes actúan en la guerra siempre están movidos por una mezcla de razones, intereses y sentimientos, justificados en discursos ideológicos, intereses económicos o políticos, y emociones que desatan el instinto destructivo que anida en los humanos.
En Colombia todos los grupos armados han masacrado a civiles. Quienes hicieron de las matanzas una práctica sistemática fueron las autodefensas, pero las Farc lo han hecho cuando se disputan un territorio a muerte con los paramilitares. Ejemplo de ello fue la matanza, en 1994, de la Chinita, en Urabá, donde murieron 35 personas.
Los analistas coinciden en que las masacres, por ejemplo, son típicas de las guerras civiles, y su razón de ser es la conquista de un territorio, a través de la expulsión de su población. La masacre se hace para matar, pero también para despojar.
Si las masacres se explican por la disputa del territorio, ¿qué lógica tienen la tortura, la violación y el descuartizamiento? Sicólogos y antropólogos creen que la sevicia nace del odio. Así que el odio es el fundamento humano de esta guerra.
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