Se compró toda la ropa y dejó a los maniquíes desnudos. Aunque necesitaría un carrito de supermercado para cargar todo el cerro de paquetes, Yaline salió con sus manos repletas e hizo equilibrio a lo largo de los pasillos y escaleras eléctricas del centro comercial.
"¿Cuándo será que llego a mi casa?", se decía a sí misma preocupada mientras, a paso lento, trataba de llegar al acopio de taxis. Y cuando se sintió cansada de hacer tanta fuerza y comenzaron a desmoronársele todas las bolsas, se despertó.
"Qué pesar que era un sueño", pensó antes de agachar los párpados y conciliar otra pesadilla. En la vida real no le alcanza para salir tan encartada aunque todos los días vaya a 'loliar' y mínimo una vez a la semana salga de un local con los bolsillos vacíos.
No son san andresitos los que visita, ni tiendas del Hueco con vendedores que compiten al que más clientes atraiga con pregones, piropos o aplausos, y sin embargo Yaline siente que las vitrinas tienen voces seductoras y los maniquíes, un movimiento que le agarra los antojos.
La penúltima vez, unas botas le hicieron guiños a través del vidrio. "No las necesito", se dijo mientras sus ojos las acariciaban. "Las tengo que tener", replicaba otra voz en su interior. "¿Para qué si yo trabajo de uniforme toda la semana?", opinaba de nuevo. "Pero es que están en promoción", "Ya no te va a caber la ropa" , continuaba el dúo. "Sí, porque hay que aprovechar esta ganga", "No, porque estás metida en deudas", remató el debate.
Se desplazó forzadamente y cabizbaja para reprimir el asalto de ganas de llevárselas. Y cuando, de repente, los parlantes anunciaron que por compras mayores a tantas decenas de miles de pesos participaría en el sorteo de un carro, cero kilómetros, bla, bla, bla, incubó la intuición de que sería la ganadora para justificar su compra.
Volvió. Se las midió. Desfiló ante los espejos. Sacó una tarjeta, la cédula, suspiró y exclamó: "Estas botas no pueden vivir sin mí".
La regla de oro de Yaline es visitar centros comerciales sin hombres para que no estorben, tampoco acosen ni critiquen y, principalmente, para que su afición no los espante. -Qué dirán, "tan loca como se gasta todo".
En la última terapia en la que intentó reducir su pulsión por las compras, Yaline debía aguantar tres días sin gastarse un solo peso. Trató de entretener su vista con la exposición de animales prehistóricos del año pasado pero su mirada se desviaba a las últimas colecciones de ropa recién exhibidas. Hizo un esfuerzo por tararear las canciones del grupo musical invitado para no preguntar los precios ni por la promoción del mes. Y hasta se le ocurrió rogar en la misa del centro comercial por la muerte de ese delirio.
Pero no. La sicóloga perdió una clienta en el intento porque el mismo día, la doblegó una vitrina y nunca más volvió al tratamiento.
Rifas, juegos y espectáculos
Cuando saca del clóset un bolso y un par de zapatos de color azul rey, Mónica Sierra les hace una reverencia, les sonríe, se inclina y les da besitos.
El día que los compró, no recuerda cómo fue, no sabe explicar qué le pasó, pero... no pudo salir del almacén sin ellos. Siempre le había sacado el cuerpo a la fila que se hacía en los puntos de información donde se registraban las compras para participar en los sorteos que dejaban un ganador y miles de perdedores.
Aunque su esposo estaba de afán y empezaba a escupir la misma cantaleta de los maridos escépticos con mujeres endeudadas, se sumó al tumulto femenino del "Compre, registre y gane".
-Lo hice como por inercia. Llené el formato a la carrera, no le presté mucha importancia.
A mediados de este año regresó al centro comercial a pie y salió en carro después de recibir la llamada que la motivó a hacerle un pedestal al bolso y a los tacones de cuero. A María Auxiliadora le ofreció ese Renault Sandero, modelo 2011, color gris perla, que un sacerdote, a petición de su dueña, bautizó "Milagros".
"Usted está parada o sentada", le preguntaron a Gloria López. "Acostada porque estoy cansada", respondió antes de que le dijeran que por tomarse una foto con Woody, el vaquero de Toy Story, iría en compañía de su esposo y sus dos nietos a Disneyworld.
"Se ganó un crucero por el Caribe para dos personas y dos millones de pesos en compras", le ha tocado informar 10 veces este año a Catalina Hoyos. "Sí, ajá, cómo no", le responden incrédulos. Yolima Valencia fue la única que le creyó inmediatamente y la aturdió con sus gritos mientras manejaba y debía orillarse para no provocar un accidente.
A quemar ropa
"No hay como sentarse a criticar", dice Marina Jaramillo para quien de vez en cuando el plan consiste en tomarse un café en leche que le rinda toda la tarde y reparar a la gente de arriba a abajo mientras hace su comentario dominical.
"Mirale el combinado a ésta", "Éste se vino en pijama", "Qué tal ese pelo grasoso", "Hoy es el día de las barrigonas", le va susurrando al esposo mientras se carcajean y matan el tiempo en esa sala de espera con Medellín de fondo.
Mayra Campillo prefiere hacer el "mercado de ojo" que define como "mirar y mirar y no comprar". No sueña con premios porque a punta de conitos semanales no le alcanza ni para participar en el sorteo pero disfruta del azar de encontrarse con viejos amigos aunque a veces le toque meterse a cualquier almacén y preguntar precios de prendas que ni regaladas se pondría, para esquivar a ex novios, malos jefes o ex compañeras de trabajo que le caen gordas.
Doña Leonor también recibe llamadas del centro comercial pero para otro tipo de avisos. "Llegó un pantalón nuevo", "Vino una blusa hermosa", "Trajeron un capri divino y unos zapatos...", le reportan las vendedoras de los 19 almacenes donde tiene crédito.
"Vos sos más conocida que el hambre", le dice una amiga porque parece haciendo una pasarela de saludos. No hay exposición que no haya visto. Misa que no haya oído. Ni tienda a la que no haya entrado. "Esa camisa es nueva, ¿cierto?", le pregunta el esposo con ánimo de reproche. "No... es que usted ya ni me mira. No me pone atención. ¿Cuánto hace que la tengo", disimula Leonor para evitarse la cantaleta. "¿En qué estás metida?", le insiste el marido con cierta desconfianza. "Yo no sé por qué tenés que salir tanto".
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4